Los
talibanes aplican la sharia en toda su brutalidad
contra los gays.
La
Liga Árabe está compuesta por 24 países miembros,
tienen en común su lengua, aunque dialectos
hay muchos, su religión, la Islámica, y su
política represora de la homosexualidad.
Sólo en uno de estos 24 países repartidos
en dos continentes, Egipto, la homosexualidad
no es un delito. En la mayoría se paga con
la cárcel el grave pecado de ser gay, pero
en otros, caso de Yemen, Mauritania, Qatar,
Iran o Afganistan la pena es la muerte.
Amnistía Internacional reconocía en
su informe de 1999 violaciones de derechos
humanos de los gays en todos estos países,
también Egipto. Si legalmente te encarcelan,
ilegalmente te torturan, te secuestran o
te matan. El ACNUR concede etiqueta de refugiado
político a todos los gays y lesbianas que
huyen de estos países porque no tienen más
remedio. Pero la situación puede ser peor.
En
los comienzos de su existencia, 1945, los
países de la Liga contaban con
legislaciones heredadas de sus colonizadores
ingleses y franceses, con códigos penales
que castigaban la homosexualidad con penas
que iban desde los tres meses a los tres
años. Pero la mayoría han cambiado estos
códigos, y para peor.
La
llegada al poder en Irán en 1977
de los extremistas islámicos supuso un vuelco
espectacular de la situación. Este rico país
contaba con unas leyes europeas, bastante
tolerantes con los gays: no estaban legalizados,
pero tampoco perseguidos, ni mucho menos
penalizados. Pero el integrismo chiíta (una
de las dos sectas en las que se bifurca el
islamismo, chiítas y sunitas) fue el pistoletazo
de salida en una carrera para ver quien era
más bestia e intransigente con los gays.
Irán, el primer país convertido en república
islámica que aplicaba la sharia, la ley del
Corán, ganaba ese nefasto galardón. Pero
ahora ha sido superado por Afganistán.
Este
castigado país sufre una brutal
guerra civil que ya dura 20 años, y desde
hace cinco soporta el gobierno de unos fundamentalistas
mentales llamados talibanes (curiosamente
el nombre significa estudiantes) que han
impuesto a sangre y fuego la sharia. Prohibieron
la televisión, la radio, los ordenadores,
cubrieron a las mujeres de arriba abajo con
túnicas. En cuanto a los gays, nunca se
ha visto nada igual.
En
1998, el 25 de febrero cinco hombres acusados
de ser gays fueron aplastados por
un tanque militar durante 30 minutos delante
de cientos de ¿personas?, entre ellas el
líder de estos fanáticos llamado Mohamed
Omar. El 22 de marzo dos muchachos, Abdull
Sami de 18 años y Bismullah de 22, que eran
pareja y vivían en Herat, fueron aplastados
por un pala excavadora hasta la muerte, por
supuesto con el correspondiente auditorio
vitoreando la gesta.
En
el extremo opuesto de la barbarie se encuentra
Egipto. Su legislación no es
una maravilla y ni de lejos se puede comparar
a la europea, pero en medio de tanta oscuridad
es un rayo de luz. El artículo 269 de su
código civil sólo recoge ofensas contra la
moral pública, que a veces son usadas contra
los gays, dependiendo del jefecillo de turno,
pero reconoce la edad de consentimiento de
gays, lesbianas y heterosexuales en los 18
años.
Algunos
países como Yemen, Mauritana,
y Qatar están debatiendo sobre cambiar su
legislación por la ley islámica que solo
contempla la muerte como pena para la homosexualidad.
En ciertas partes de Somalia y Chad hay grupos
de integristas que por su cuenta también
aplican la sharia. Como el caso de las dos
lesbianas condenadas a muerte en el Puntland,
en Somalia, cuya situación legal aún es una
incógnita.
Malaysia
es el paradigma de persecución
legal a los gays. No aplican la sharia, pero
el artículo 377 de su código penal recoge
penas de hasta 10 años de cárcel por “ofensas
antinaturales”, título bajo el que cabe todo
lo imaginable. Menos para ellos, claro, este
mismo artículo castiga con 20 años de cárcel
las relaciones homosexuales con penetración.
Además el gobierno ha creado unos organismos
locales llamados Badar Islámico que se encarga
en cada barrio de denunciar “las actividades
inmorales”.
En
Brunei se castiga la homosexualidad con
penas de 10 años de cárcel. Con tres
años se penaliza en Túnez, Marruecos, Argelia,
Irak, Kuwait. Cinco años en Siria y Jordania.
En
Bangladesh y Pakistán contemplan
por igual los actos homosexuales y los de
zoofilia: ambos son condenados como actos
contra natura con penas que pueden llegar
a los diez años de cárcel. En ambos países
los gays son perseguidos y tratados como
enfermos con electroshock y otros tratamientos
así de modernos y científicos.
El
artículo 407 del código civil de
Libia condena de 3 a 5 años las relaciones
homosexuales, pero en 1973 (curiosamente
con la llegada del coronel Gadaffi al poder)
se realizó una reforma islámica, pero que
es bastante más tolerante con los gays que
la legislación anterior de origen italiano.
Castiga las “ofensas públicas” y prohibe
el acceso a las fuerzas armadas, pero no
hay ninguna ley que condene la homosexualidad.
Por
supuesto, en ninguno de estos países
existe ninguna asociación gay, al menos que
se sepa. Lo más parecido fue un intento de
L. Faysal de montar una organización HIV
en Argelia, ya prohibida y con Faysal en
Francia exiliado.