Antes, pero, que la globalización de la economia rosa, llegó la proliferación global de manifestaciones artísticas gay de la última horneada. De forma visible, surgió a los Estados Unidos a medianos de los años 80, cuando el sida destruía los conceptos de la liberación homosexual y reforzaba la homofobia. Pero una serie de artístas radicales americanos (como ahora los integrantes del colectivo de Nueva York Gran Fury), exponían manifestaciones artísticas en que reivindicaban con rabia la condición gay. En nuestro país, el videoartista Carles Congost, a Barcelona, o el creador fotográfico Àlex Francés, a Valencia, han hecho lo mismo, pero ya durante los años noveinta, cuando la ola yanqui dió, por ejemplo, y cuando el cine ha prestado su atención al fenómeno.
En el aspecto estético, a principios de los noveinta se extendió por nuestro paós un fenómeno con ciertas conexiones conla eclosión de este arte. Para contrarestar el efecto intimidatorio del sida, y para refermar sin perjuicios la condición de gay, se puso de moda el look cepado, sano, de gimnasio. Un culto al cuerpo que llegaba desde Europa y América a las playas y los clubes de Ibiza y Sitges, epicentros del turismo gay. Era una forma de huir del aspecto enfermizo que había estado de mode durante los primeros 80, y que había acabado asociado alsufrimiento del sida. Y también una forma de escupir a la cara de la perversidad social. De mostrar que un gay podía ser el más atractivo, el más saludable, el tipo de hombre por el que las mujeres suspiran... y que queda fuera de su alcance. Fuera del alcance heterosexual.
Finalmente, el modelo estético que un día sirvió de mecanismo de refermamiento del movimiento gay terminó trasladando su patrón al mundo heterosexual. Perdió, asi, todo significado reivindicativo y se quedó sólo como un modelo de belleza física que, hasta hoy, no ha hecho más que reforzarse. Este modelo, como el arte que utiliza, ha terminado aceptado por la sociedad mayoritaria hasta el punto que hoy son acogidas con general simpatía -aún y que no faltan las protestas cavernícolas- las exposiciones artísticas estrictamente gay promovidas por las instituciones. "En cambio -dice Juan Vicente Aliaga, profesos en la facultad de Bellas Artes de Valencia y coautor del libro Identidad y diferencia, sobre la cultura gay en España -el arte que trata de temática lésbica lo hace de forma menos carnal, menor física que el gay, dirigiéndose más a la representación de sentimientos". Una expresión sutil, compleja, que quizás tiene que ver con el hecho que las lesbianas, como dice María José, miembro del Col·lectiu Lambda de Gais i Lesbianes de Valencia, "hemos sufrido una discriminación doble, la de mujer, y la de lesbiana", que ha provocado que adopten una actitud estética y pública más silenciosa, más tímida, que sigue un ritmo más pausado que el de la comunidad gay.
El hecho es que la sociedad heterosexual contempla con peores ojos la homosexualidad femenina que la masculina. Hasta desde el punto de vista cultural. Mientras que las traducciones al castellano y al catalán de libros de temática gay han aumentado, las de orientación femenina son muy escasas. Lo mismo sucede con los autores catalanes. [...] [Este hecho muestra] el interés comercial que puede suscitar la edición de literatura homosexual para hombres. Y muestran que en cambio, se deja al margen la de mujeres (¡aún y que son las mejores compradoras de libros!). En los ravales de la cultura, también puede advertirse: una de cada diez películas porno estrenadas en video son de temática gay masculina. El número de las de temática femenina es mucho menor. Y en realidad se dirijen a consumidores masculinos heterosexuales.