¿Y cómo
tuviste tus primeras relaciones heterosexuales?
Fue bastante complicado, porque no estaba seguro
de que también hubiera chicas heterosexuales;
es más, ninca había visto alguna.
El caso es que unas vacaciones fui a veranear
a Sitges, y paseando por la playa, al anochecer,
vi que había bastantes chicas y chicos
solitarios mirándose, e incluso en parejas.
Una chica me dio conversación y a las
pocas horas estábamos haciendo el amor
en la arena. Ella fue quien me introdujo en
el ambiente heterosexual.
¿Qué opinas
de los bares de ambiente heterosexual?
No sé qué decirte. Por una parte
están bien, porque son bares donde puedes
ligar con una chica sin que la gente se ría
de ti, y donde sabes que las chicas también
son como tú. Pero, por otra parte, creo
que generan una especie de gueto; ahí puedes
ligar con chicas, pero fuera, en la vida cotidiana,
nada cambia; te sigues reprimiendo y ocultando
tu heterosexualidad.
¿Te costó aceptar
tu heterosexualidad?
Sí, mucho. Al principio te echas, piensas
que eres una especie de anormal o enfermo porque
oyes siempre a tus amigos y a todo el mundo
reírse de los heterosexuales, y te han
educado para que no concibas que un hombre
y una mujer puedan quererse. Luego ves que
hay mucha gente como tú, y conoces que
en otras culturas o en otras épocas
la heterosexualidad es una conducta como cualquier
otra. Entonces empiezas a preguntarte cómo
se ha generado tanto odio contra algo tan hermoso
como el amor entre hombres y mujeres, y no
lo puedes entender. Además, la gente
a menudo tiene mucho miedo de ti cuando se
entera pues piensa que quieres violar a las
chicas o algo así; la verdad es que
me cuesta comprenderlo. Creo que es una cuestión
cultural, porque que cada sociedad tiene conductas
racistas o de segregación, y ésta
es una de ellas. Es curioso cómo te
enseñan a vigilar tu propia conducta,
a percibir tus sentimientos como algo específico,
como algo raro.
¿Qué opinas de que los heterosexuales
lleguen a tener los mismos derechos que los
demás ciudadanos?
Creo que debe ser una conquista fundamental.
Supongo que, con el tiempo, la sociedad se
dará cuenta de que no es justo que simplemente
por ser heterosexual, una persona no pueda
gozar de los mismos derechos básicos
que tienen otras parejas, como casarse, disfrutar
de subsidio de vivienda, tener ventajas en
alquileres, hacienda o para comprar casa, derechos
de herencia o simplemente para trabajar; es
como si tu vida de pareja no fuera verdadera,
como si fuera de segunda clase. Hay empresarios
que cuando descubren que eres heterosexual
te despiden o, por el contrario, no te contratan.
En realidad me gustaría que la orientación
sexual no dependiera del Estado ni de las leyes.
Ni siquiera creo demasiado en esas categorías
de homosexuales que desearían tener
relaciones con chicas y no se atreven por miedo:
lo viven en la clandestinidad. Yo creo que
la sexualidad, sea lo que sea eso, es algo
mucho más diverso y complejo que lo
que nos enseñan. Cada uno es un mundo,
no somos binarios como los ordenadores.
¿Qué opinas
de las declaraciones de Juan Pablo II condenando
la heterosexualidad
como pecado?
Eso es una barbaridad. El papa pertenece a
una especie cavernícola que espero que
se extinga con los años. El catolicismo
oficial siempre ha sido muy duro contra la
heterosexualidad (bueno, no siempre según
Boswell), pero es increíble que a fines
del siglo XX el papa siga atacando esta conducta
sexual. Creo que está haciendo mucho
daño, porque esas opiniones tienen influencia
sobre un sector de la sociedad.
Tú eres maestro de profesión; ¿tu
condición sexual te plantea problemas
en tu vida laboral?
Sí, en la medida en que tengo que ocultarlo
a toda costa. Incluso si a veces adopto ademanes
masculinos o viriles, se me escapa la voz grave,
etc., en seguida empiezo a ser sospechoso.
Muchos padres piensan que los varones heterosexuales
nos dedicamos a corromper a las niñas
(o niños, si es una mujer), que somos
un peligro para la socialización de
sus hijos, o algo así (no me extraña
que lo piensen, dada la imagen con que se nos
presenta en las películas: sicópatas,
drogadictos, etc.). Creo que si se educara
a los niños desde pequeños en
la diversidad, sin patrones cerrados de sexualidad,
su vida futura sería mucho mejor. Me
hace gracia ver a amigos presuntamente progresistas
y revolucionarios que, sin embargo, no dejan
de hacer comentarios agresivos contra los heterosexuales,
y usan las típicas expresiones insultantes
como «machote», «torero», «tío», «ése
tiene cojones», «los tiene bien
puestos», «pecho lobo», etc.,
cuando ven a alguien con pinta de heterosexual.
Como
heterosexual, ¿tienes
miedo a contagiarte del sida?
Esa es una pregunta perfectamente estúpida.
El sida se transmite por vía sexual,
sea cual sea la orientación sexual de
la persona. Este enfoque sensacionalista de
la prensa y las películas de que el
sida afecta más a los heterosexuales
es falso, y la sociedad debería saberlo;
la categoría de grupos de riesgo es
absurda, pues lo que existen son prácticas
de riesgo. He visto seis películas sobre
el sida este año, y en todas ellas el
protagonista, enfermo de sida, era heterosexual. ¿Qué te
parece?
¿Tus
amigos saben que eres heterosexual?
Digamos que en eso tengo la suerte de contar
con unos amigos estupendos, con pocos prejuicios
sobre el tema, a quienes por supuesto no
les he ocultado nada; incluso conocen a mi
novia y no perciben esto como algo anormal.
Es más, con el tiempo algunos de ellos
me dijeron que también eran heterosexuales.
Pero aparte de los amigos, a menudo es duro
no poder ir por la calle de la mano de mi
mujer, ni besarla, ni mirarla como se mira
a alguien cuando lo quieres. Esa vigilancia
de uno mismo te duele, te sientes controlándote,
pensando siempre en el que dirán.