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El consumo rosa y sus sombras.

Artículo adaptado de la revista TEMPS, 25 abril - 1 de mayo de 2000.

:: Artículo ::
El TEMPS observa la actualidad de la cultura gay, analiza sus ventajas y las miserias de su comercialización y examina la significación de su cine. En el panorama resultante hay luz... pero también muchas sombras.
 
¿Se debe ser exultantemente efeminado y vestir de Gucci, para ejercer hoy como hombre gay? ¿Se debe ir a las islas griegas de vacaciones a través de una agencia de viajes "rosa"? ¿Se debe asistir -com un éxtasis en la boca- a las fiestas que la promotora barcelonesa gai Matinée y el superclub "homo" inglés Trade organizan a la discoteca El Divino de Ibiza? ¿Y se debe pagar con divina despreocupación más de 7.000 pesetas en la puerta? ¿Se debe ser moderno, inteligente, sensible, comprensivo y seductor? ¿Se debe tener un cuerpo de infarto, musculado en un gimnasio rosa, para ser reconocido como un verdadero gay guay del 2000?
Parece que sí, según nos dicen buena parte de las revistas, y de las discotecas, y del diseño de moda, y de Internet, y de la fotografía, y de tantas manifestaciones culturales o de consumo más dirijidas al público gay. La imbricación de la cultura rosa en la sociedad de consumo ha dado como resultado un estereotipo: el gay debe ser especial, adinerado y guapo -más que el heteroseuxal- o no será. Un estereotipo potenciado desde muchas focos del colectivo homosexual. Un estereotipo devoto del culto presente, fruto de los valores individualistas, reduccionistas y economicistas que marcan la actualidad.
 
Una cosa parecido, menor estridente, sucede con las lesbianas. La lesbiana mola (da color a la sociedad) si está buena, viste ropa de Chloe y es femenina, al estilo de las supermodelos de vida extrema. Al estilo de la mode del lesbianismo entre maniquís y jovencitas techno que publicitan en los medios desde hace tiempo, y que salpica las pasarelas y los clubes más chic.
Bien. ¿Y qué pueden hacer los gays y lesbianas que no son tan atractivos ni sugerentes ni fashion victims? ¿Qué puede hacer esta parte -quizás la mayoría- de los homosexuales de nuestro país (alrededor del 10% de la población total)? En principio, sentirse jodidos. Porque desde los mismos engranajes económicos de la comunidad gay, se les dice que ellos... no cuentan, o cuentan menos que los otros. Y que han de buscar acercarse al estereotipo que late en el corazón de "la peseta rosa", la forma de llamar el conjunto de servicios que tienen por finalidad cubrir las necesidades comerciales del consumidor gay.
 
No es una tendencia autóctona, a Inglaterra se llama "libra rosa", a los Estados Unidos, "dólar rosa". Como todo, ha sido un fenómeno internacional que germinó a los países anglosajones.

 


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