La mayor contención del movimiento lésbico ha provocado una cierta resistencia entre las lesbianas a exhibir su condición sexual. De hecho, en un famoso ejemplar del año 98 de la edición internacional de la revista Out, se hacía pública la lista de los cien homosexuales más influyentes del mundo... y la mayoría eran hombres. Aún más: tanto en los medios de comunicación como en la vida pública del estado español, es cada vez más habitual el reconocimiento de la homosexualidad masculina (el show-man Borís Izaguirre, el coreógrafo Nacho Duato, el presentador Jesús Vázquez, o el parlamentario del PSC Miquel Iceta lo han reconocido). Por lo que se refiere a la femenina, silencio.
Esta "salida del armario"; sumada a otros fenomenos totalmente digeridos por la sociedad mayoritaria, como el ver drag queens en las discotecas o la admiración por el look masculino de culto al cuerpo, han contribuido decididamente a una mayor aceptación del hombre homo. Hasta existe una plataforma gay en el PP -eminentemente masculina- si bien no parece tener una relación demasiado intensa con el partido.
Si añadimos que distintas encuestas (realizadas por consultores dirigidas al sector homosexual) indican que el colectivo homo del estado español dispone de más de tres billones de pesetas anuales para gastar (la mayor parte, en manos de hombres); que cerca de 300.000 millones los destinan a ropa y calzado y que más de 150.000 millones a ocio (mucho más que la media heterosexual); que muchos hombres gay son pareja sin hijos; que piden un tipo de consumo específico -un esquema que ha dado grandes resultados en el estranjero-: y que la revista británica Gay Times recomanaba en junio de 1999 que era el momento ideal "para ser gay en España", era cuestión de tiempo que eclosionara en nuestro territorio la vertiente más consumista del "poder gay". Y también, que se basara sobretodo en el hombre, en el estereotipo de gay guapo-divertido (potenciado por los gimnasios, la ropa de marca y la cirugía plástica en clínicas gays: negocios a explotar) y en las indicaciones estadísticas que apuntan que entre muchos encuestados, el nivel económico es alto.
Así pues, la oferta comercial enfocada a este sector es cada día mayor. En los últimos años han conocido el éxito varios grupos de intérpretes musicales que encajan con la iconografía gay (como la diva de las drag queens Mónica Naranjo). Se han puesto en circulación revistas al quiosco (como la madrileña Zero, con un tiraje de 50.000 ejemplares y que ofrece buenos columnistas y contenidos inquietos) o otros de gratuitos (como Shangay, en Madrid, o Nois i Punto H, en Barcelona).
Algunas críticas apuntan que la "peseta rosa" puede reducir a un gueto y a la frivolidad la condición de homosexual.