La
teoría de Jung divide
la psique en tres partes. La primera es el Yo, el cual se identifica con la mente
consciente. Relacionado cercanamente se encuentra el
inconsciente personal, que incluye cualquier cosa que no
esté presente en la consciencia, pero que no está exenta de
estarlo. El inconsciente personal sería como lo que las
personas entienden por inconsciente en tanto incluye ambas
memorias, las que podemos atraer rápidamente a nuestra
consciencia y aquellos recuerdos que han sido reprimidos por
cualquier razón. La diferencia estriba en que no contiene a
los instintos, como Freud incluía.
Después de describir el inconsciente personal, Jung añade
una parte al psiquismo que hará que su teoría destaque de las
demás: el inconsciente colectivo. Podríamos llamarle
sencillamente nuestra “herencia psíquica”. Es el reservorio de
nuestra experiencia como especie; un tipo de conocimiento con
el que todos nacemos y compartimos. Aún así, nunca somos
plenamente conscientes de ello. A partir de él, se establece
una influencia sobre todas nuestras experiencias y
comportamientos, especialmente los emocionales; pero solo le
conocemos indirectamente, viendo estas influencias.
Existen ciertas
experiencias que demuestran los efectos del inconsciente colectivo
más claramente que otras. La
experiencia de amor a primera vista, el deja vu (el
sentimiento de haber estado anteriormente en la misma
situación) y el reconocimiento inmediato de ciertos símbolos y
significados de algunos mitos, se pueden considerar como una
conjunción súbita de la realidad externa e interna del
inconsciente colectivo. Otros ejemplos que ilustran con más
amplitud la influencia del inconsciente colectivo son las
experiencias creativas compartidas por los artistas y músicos
del mundo en todos los tiempos, o las experiencias
espirituales de la mística de todas las religiones, o los
paralelos de los sueños, fantasías, mitologías, cuentos de
hadas y la literatura.
Un ejemplo
interesante que actualmente se discute es la experiencia cercana
a la muerte.
Parece ser que muchas
personas de diferentes partes del mundo y con diferentes
antecedentes culturales viven situaciones muy similares cuando
han sido “rescatados” de la muerte clínica. Hablan de que
sienten que abandonan su cuerpo, viendo sus cuerpos y los
eventos que le rodean claramente; de que sienten como una
“fuerza” les atrae hacia un túnel largo que desemboca en una
luz brillante; de ver a familiares fallecidos o figuras
religiosas esperándoles y una cierta frustración por tener que
abandonar esta feliz escena y volver a sus cuerpos. Quizás
todos estamos “programados” para vivir la experiencia de la
muerte de esta manera.
Arquetipos
Los contenidos del inconsciente colectivo son los llamados
arquetipos. Jung también les llamó dominantes, imagos,
imágenes primordiales o mitológicas y otros nombres, pero el
término arquetipo es el más conocido. Sería una tendencia
innata (no aprendida) a experimentar las cosas de una
determinada manera.
El arquetipo
carece de forma en sí mismo, pero actúa como
un “principio organizador” sobre las cosas que vemos o
hacemos. Funciona de la misma manera que los instintos en la
teoría freudiana. Al principio, el bebé solo quiere algo de
comer, sin saber lo que quiere. Es decir, presenta un anhelo
indefinido que, no obstante, puede ser satisfecho por algunas
cosas y no por otras. Más tarde, con la experiencia, el bebé
empieza a anhelar cosas más concretas cuando tiene hambre (un
biberón, una galleta, una langosta a la brasa, un pedazo de
pizza estilo Nueva York).
El arquetipo
es como un agujero negro en el espacio. Solo sabemos que está ahí por cómo atrae materia y luz hacia sí mismo.
El arquetipo materno
Este arquetipo
es particularmente útil como ejemplo. Todos
nuestros ancestros tuvieron madres. Hemos evolucionados en un
ambiente que ha incluido una madre o un sustituto de ella.
Nunca hubiéramos sobrevivido sin la conexión con una persona
cuidadora en nuestros tiempos de infantes indefensos. Está
claro que somos “construidos” de forma que refleja nuestro
ambiente evolutivo: venimos a este mundo listos para desear
una madre, la buscamos, la reconocemos y lidiamos con ella.
Así, el arquetipo de madre es una habilidad propia
constituida evolutivamente y dirigida a reconocer una cierta
relación, la de la “maternalidad”. Jung establece esto como
algo abstracto, y todos nosotros proyectamos el arquetipo a la
generalidad del mundo y a personas particulares, usualmente
nuestras propias madres. Incluso cuando un arquetipo no
encuentra una persona real disponible, tendemos a
personificarlo; esto es, lo convertimos en un personaje
mitológico “de cuentos de hadas”, por ejemplo. Este personaje
simboliza el arquetipo.
Este arquetipo
está simbolizado por la madre primordial o
“madre tierra” de la mitología; por Eva y María en las
tradiciones occidentales y por símbolos menos personalizados
como la iglesia, la nación, un bosque o el océano. De acuerdo
con Jung, alguien a quien su madre no ha satisfecho las
demandas del arquetipo, se convertiría perfectamente en una
persona que lo busca a través de la iglesia o identificándose
con la “tierra madre”, o en la meditación sobre la figura de
María o en una vida dedicada a la mar.
Maná
Debemos saber
que estos arquetipos no son realmente cosas biológicas, como los instintos de Freud. Son demandas más
puntuales. Por ejemplo, si uno sueño con cosas alargadas,
Freud sugeriría que éstas representarían el falo y en
consecuencia el sexo. Jung propondría una interpretación muy
distinta. Incluso, el soñar con el pene no necesariamente
implica una insatisfacción sexual.
Es llamativo
que en sociedades primitivas, los símbolos
fálicos usualmente no se refieran en absoluto al sexo.
Usualmente simbolizan el maná, o poder espiritual. Esto
símbolos se exhiben cuando es necesario implorar a los
espíritus para lograr un mejor cosecha del maíz, o aumentar la
pesca o para ayudar a alguien. La relación entre el pene y la
fuerza, entre el sémen y la semilla, entre la fertilidad y la
fertilización son parte de la mayoría de las culturas.
La sombra
Por supuesto
que en la teoría junguiana también hay espacio
para el sexo y los instintos. Éstos forman parte de un
arquetipo llamado la sombra. Deriva de un pasado pre-humano y
animal, cuando nuestras preocupaciones se limitaban a
sobrevivir y a la reproducción, y cuando no éramos conscientes
de nosotros como sujetos.
Sería el “lado oscuro” del Yo (del sí mismo. N.T.) y
nuestra parte negativa o diabólica también se encuentra en
este espacio. Esto supone que la sombra es amoral; ni buena ni
mala, como en los animales. Un animal es capaz de cuidar
calurosamente de su prole, al tiempo que puede ser un asesino
implacable para obtener comida. Pero él no escoge ninguno de
ellos. Simplemente hace lo que hace. Es “inocente”. Pero desde
nuestra perspectiva humana, el mundo animal nos parece brutal,
inhumano; por lo que la sombra se vuelve algo relacionado con
un “basurero” de aquellas partes de nosotros que no queremos
admitir.
Los símbolos de la sombra incluyen la serpiente (como en el
Jardín del Edén), el dragón, los monstruos y demonios.
Usualmente guarda la entrada a una cueva o a una piscina de
agua, que representarían el inconsciente colectivo. La
siguiente vez que sueñen que se están peleando con un luchador
fortísimo, puede que simplemente ¡se esté peleando con usted
mismo!.
La persona
La persona
representa nuestra imagen pública. La palabra,
obviamente, está relacionada con el término persona y
personalidad y proviene del latín que significa máscara. Por
tanto, la persona es la máscara que nos ponemos antes de salir
al mundo externo. Aunque se inicia siendo un arquetipo, con el
tiempo vamos asumiéndola, llegando a ser la parte de nosotros
más distantes del inconsciente colectivo.
En su mejor
presentación, constituye la “buena impresión” que
todos queremos brindar al satisfacer los roles que la sociedad
nos exige. Pero, en su peor cara, puede confundirse
incluso por nosotros mismos, de nuestra propia naturaleza.
Algunas veces llegamos a creer que realmente somos lo que
pretendemos ser.
Anima y animus
Una parte
de la persona es el papel masculino o femenino que debemos
interpretar. Para
la mayoría de los teóricos, este
papel está determinado por el género físico. Pero, al igual
que Freud, Adler y otros, Jung pensaba que en realidad todos
nosotros somos bisexuales por naturaleza. Cundo empezamos
nuestra vida como fetos, poseemos órganos sexuales
indiferenciados y es solo gradualmente, bajo la influencia
hormonal, cuando nos volvemos machos y hembras. De la misma
manera, cuando empezamos nuestra vida social como infantes,
no
somos masculinos o femeninos en el sentido social. Casi de
inmediato (tan pronto como nos pongan esas botitas azules
o
rosas), nos desarrollamos bajo la influencia social, la cual
gradualmente nos convierte en hombres y mujeres.
En todas
las culturas, las expectativas que recaen sobre los hombres
y las mujeres
difieren. Estas están basadas casi
en su totalidad sobre nuestros diferentes papeles en la
reproducción y en otros detalles que son casi exclusivamente
tradicionales. En nuestra sociedad actual, todavía retenemos
muchos remanentes de estas expectativas tradicionales. Todavía
esperamos que las mujeres sean más calurosas y menos
agresivas; que los hombres sean fuertes y que ignoren los
aspectos emocionales de la vida. Pero Jung creía que estas
expectativas significaban que solo hemos desarrollado la mitad
de nuestro potencial.
El anima
es el aspecto femenino presente en el inconsciente colectivo
de los hombres
y el animus es el aspecto masculino
presente en el inconsciente colectivo de la mujer. Unidos se
les conoce como syzygy. El anima puede estar representada
(personificada) como una joven chica, muy espontánea e
intuitiva, o como una bruja, o como la madre tierra.
Usualmente se asocia con una emocionalidad profunda y con la
fuerza de la vida misma. El animus puede personificarse como
un viejo sabio, un guerrero, o usualmente como un grupo de
hombres, y tiende a ser lógico, muchas veces racionalista e
incluso argumentativo.
El anima
y el animus son los arquetipos a través de los
cuales nos comunicamos con el inconsciente colectivo en
general y es importante llegar a contactar con él. Es también
el arquetipo responsable de nuestra vida amorosa: como sugiere
un mito griego, estamos siempre buscando nuestra otra mitad;
esa otra mitad que los Dioses nos quitaron, en los miembros
del sexo opuesto. Cuando nos enamoramos a primera vista, nos
hemos topado con algo que ha llenado nuestro arquetipo anima
o
animus particularmente bien.
Otros arquetipos
Jung decía que no existía un número fijo de arquetipos que
pudiésemos listar o memorizar. Se superponen y se combinan
entre ellos según la necesidad y su lógica no responde a los
estándares lógicos que entendemos. Jung, sin embargo, definió algunos
otros:
Además de
la madre, existen otros arquetipos familiares. Obviamente,
existe un padre que
con frecuencia está
simbolizado por una guía o una figura de autoridad. Existe
también el arquetipo de familia que representa la idea
de la hermandad de sangre, así como unos lazos más profundos
que aquellos basados en razones conscientes.
También tenemos
el de niño, representado en la
mitología y en el arte por los niños, en particular los
infantes, así como por otras pequeñas criaturas. La
celebración del niño Jesús en las Navidades es una
manifestación del arquetipo niño y representa el futuro, la
evolución, el renacimiento y la salvación. Curiosamente, la
Navidad acontece durante el solsticio de invierno, el cual
representa el futuro y el renacimiento en las culturas
primitivas nórdicas. Estas personas encienden hogueras y
realizan ceremonias alrededor del fuego implorando la vuelta
del sol. El arquetipo niño también con frecuencia se mezcla
con otros, formando el niño-dios o el niño-héroe.
Muchos arquetipos son caracteres de leyendas. El
héroe es uno de los principales. Está representado por
la personalidad mana y es el luchador de los dragones
malvados. Básicamente, representa al Yo (tendemos a
identificarnos con los héroes de las historias) y casi siempre
está envuelto en batallas contra la sombra, en forma de
dragones y otros monstruos. No obstante, el héroe es tonto.
Es, después de todo, un ignorante de las formas del
inconsciente colectivo. Luke Skywalker, de La Guerra de las
Galaxias, sería el ejemplo perfecto.
Al héroe
usualmente se le encarga la tarea de rescatar a la doncella,
la cual representa la pureza, inocencia y en todas por igual,
la candidez. En la primera parte de la
historia de la Guerra de las Galaxias, la princesa Leia es
la doncella. Pero, a medida que la historia avanza, ella se
vuelve anima, descubriendo el poder de la fuerza (el
inconsciente colectivo) y se vuelve un compañero igual que
Luke, quien resulta ser su hermano.
El héroe
es guiado por un viejo hombre sabio, una
forma de animus que le revela al primero la naturaleza del
inconsciente colectivo. En la Guerra de las Galaxias, este
viejo es Obi Wan Kenobi, y luego Yoda. Obsérvese que ambos
enseñan a Luke todo sobre la fuerza, y cuando Luke madura,
mueren, volviéndose parte de él.
Quizás se estén preguntando por el arquetipo de “padre
oscuro” de Darth Vader. Es la sombra y el maestro del lado
oscuro de la fuerza. También resulta ser el padre de Leia y
Luke. Cuando muere, se convierte en uno de los viejos hombres
sabios.
Este es también
un arquetipo animal y representa las
relaciones humanas con el mundo animal. Un buen ejemplo sería
el del caballo fiel del héroe. Las serpientes también son
frecuentes arquetipos animales y creemos que son
particularmente listas. Después de todo, los animales están
más cercanos a sus naturalezas que nosotros. Quizás, los
pequeños robots y la siempre disponible nave espacial (el
Halcón) sean símbolos de animales.
Y luego está el ilusionista,
usualmente representado por un payaso o un mago. El papel de éste es el de hacer las
cosas más difíciles al héroe y crearle problemas. En la
mitología escandinava, muchas de las aventuras de los dioses
se originaban en algún truco demostrado a sus majestades por
el medio-Dios Loki.
Existen otros
arquetipos que son un poco más complicados de
mencionar. Uno es el hombre original, representado en
las culturas occidentales por Adán. Otro es el arquetipo Dios,
el cual representa nuestra necesidad de comprender el Universo;
que nos provee de significado a todo
lo que ocurre y que todo tiene un propósito y dirección.
El hermafrodita,
tanto hombre como mujer, es una de las ideas más importantes de la teoría junguiana y representa
la unión de los opuestos. En algunos cuadros religiosos,
Jesucristo está representado más bien como un hombre
afeminado. Así mismo, en China, el carácter de Kuan Yin es de
hecho un santo masculino (el bodhisattva Avalokiteshwara),
¡pero está pintado de una forma tan femenina que usualmente se
le considera más como la diosa de la compasión!.
El arquetipo
más importante
es el de self (mantendremos aquí el término “self” que “sí mismo”, por su
aceptación literal en psicología de habla hispana. N.T.). El
self es la unidad última de la personalidad y está simbolizado
por el círculo, la cruz y las figuras mandalas que Jung halló en
las pinturas. Un mandala es un dibujo que se usa en
meditación y se utiliza para desplazar el foco de atención
hacia el centro de la imagen. Puede ser un trazo tan simple
como una figura geométrica o tan complicado como un vitral. La
personificación que mejor representa el self es Cristo y Buda;
dos personas, por cierto, que representan según muchos, el
logro de la perfección. Pero Jung creía que la perfección de
la personalidad solamente se alcanza con la muerte.
Las dinámicas
del psiquismo
Bueno, ya
está bien
de contenidos mentales. Vamos ahora a ocuparnos de los principios
de sus operaciones. Jung nos
brinda tres principios. El primero de ellos es el principio
de los opuestos. Cada deseo inmediatamente sugiere su
opuesto. Por ejemplo, si tengo un pensamiento positivo, no
puedo dejar de tener el opuesto en algún lugar de mi mente. De
hecho, es un concepto bastante básico: para saber lo que es
bueno debo conocer lo malo, de la misma forma que no podemos
saber lo que es negro sin conocer lo blanco; o lo que es alto
sin lo bajo.
Esta idea
me sobrevino cuando tenía unos once años.
Recuerdo que ocasionalmente me dio por salvar a muchas
criaturitas inocentes del bosque que de alguna forma se habían
herido (me temo que muchas veces provocándoles la muerte). Una
vez intenté curar a un petirrojo, pero cuando lo alcé en mi
mano, me deslumbró un halo de luz del sol y me llevé la mano a
la cara. En ese momento pasó por mi mente la idea de que podía
haberlo aplastado. Imagínense, no me gustaba nada la idea,
pero me vino innegablemente.
De acuerdo
con Jung, es la oposición la que crea el poder
(o libido) del psiquismo. Es como los dos polos de una
batería, o la escisión de un átomo. Es el contraste el que
aporta la energía, por lo que un contraste poderoso dará lugar
a una energía fuerte y un contraste débil provocará una
energía pobre.
El segundo principio es el principio de
equivalencia, donde la energía resultante de la oposición
se distribuye equitativamente en ambos lados. Así, cuando yo
sostenía a aquel pajarito en mi mano, existía una energía que
me impulsaba a ayudarle; así como también otra de iguales
características que me dirigía a aplastarle. Intenté ayudar al
pájaro, por lo que toda esa energía se distribuyó en los
variados comportamientos dirigidos a ese fin. Pero, ¿qué pasó entonces
con la otra parte?.
Bueno, eso
depende de la actitud que uno tome con respecto a ese deseo
no satisfecho.
Si mantenemos ese deseo de forma
consciente; es decir, que somos capaces de reconocerlo,
entonces provocamos un aumento de calidad en el funcionamiento
psíquico; esto es, crecemos.
Si por el
contrario, pretendemos negar que este pensamiento estuvo ahí, si lo suprimimos, la energía se dirigirá hacia el
desarrollo de un complejo. El complejo es un patrón de
pensamientos y sentimientos suprimidos que se agrupan (que
establecen una constelación) alrededor de un tema en concreto
proveniente de un arquetipo. Si negamos haber tenido un
pensamiento relacionado con aplastar el pájaro, podríamos
poner esa idea en una de las formas ofrecidas por la sombra
(nuestro “lado oscuro”). O si un hombre niega su lado
emocional, su emocionalidad puede encontrar su forma de
expresión dentro del arquetipo de anima.
Aquí es donde empiezan los problemas. Si pretendemos que en
toda nuestra vida somos absolutamente buenos; que ni siquiera
tenemos la capacidad de mentir y engañar; de robar y matar,
entonces cada vez que seamos buenos, nuestra otra parte se
consolidará en un complejo alrededor de la sombra. Ese
complejo empezará a tomar vida propia y te atormentará da
alguna manera. Puedes verte sufriendo de pesadillas donde
¡aplastas a pequeños pájaros!.
Si el complejo
dura mucho tiempo, puede llegar a “poseerte”
y puedes terminar con una personalidad múltiple. En la
película “The Three Faces of Eve” (Las Tres Caras de Eva),
Joanne Woodward daba vida a una mujer dulce y retraída que
eventualmente iba descubriendo que salía a la calle los
sábados en la noche, asumiendo una identidad contraria. No
fumaba, y sin embargo encontraba paquetes de cigarrillos en su
bolso; no bebía, más se levantaba con resaca y no flirteaba
con hombres, aunque encontraba ropas en su habitación de lo
más sexy. Es importante decir aquí, que a pesar de que el
trastorno de personalidad múltiple es raro, cuando aparece
no tiende a presentarse de una manera tan extrema, tipo blanco
y
negro.
El último
principio es el principio de entropía, el
cual establece la tendencia de los opuestos a atraerse entre
sí, con el fin de disminuir la cantidad de energía vital a lo
largo de la vida. Jung extrajo la idea de la física, donde la
entropía se refiere a la tendencia de todos los sistemas
físicos de solaparse; esto es, que toda la energía se
distribuya eventualmente. Si, por ejemplo, tenemos un
calentador en la esquina de una habitación, con el tiempo el
salón completo se calentará.
Cuando somos
jóvenes, los opuestos tienden a ser muy
extremos, malgastando una gran cantidad de energía. Por
ejemplo, los adolescentes tienden a exagerar las diferencias
entre sexos, siendo los chicos más machos y las chicas más
femeninas, por lo que su actividad sexual está investida de
grandes cantidades de energía. Además, estos oscilan de un
extremo a otro, siendo locos y salvajes en un momento y
encontrando la religión en otro.
A medida
que nos vamos haciendo mayores, la mayoría de
nosotros empieza a sentirse cómodos con nuestras facetas.
Somos un poco menos idealistas e ingenuos y reconocemos que
somos una combinación de bueno y malo. Nos vemos menos
amenazados por nuestros opuestos sexuales y nos volvemos más
andróginos. Incluso, en la edad de la vejez, las mujeres y los
hombres tienden a parecerse más. Este proceso de sobreponernos
por encima de nuestros opuestos; el ver ambos lados de lo que
somos, es llamado trascendencia.
El self
La meta de
la vida es lograr un self. El self es un arquetipo que representa
la
trascendencia de todos los
opuestos, de manera que cada aspecto de nuestra personalidad
se expresa de forma equitativa. Por tanto, no somos ni
masculinos ni femeninos; somos ambos; lo mismo para el Yo y
la sombra, para el bien y el mal, para lo consciente y lo
inconsciente, y también lo individual y lo colectivo (la
creación en su totalidad). Y por supuesto, si no hay opuestos,
no hay energía y dejamos de funcionar. Evidentemente, ya no
necesitaríamos actuar.
Si intentamos
alejarnos un poco de las consideraciones místicas, sería recomendable que nos situáramos en una postura
más centralista y equilibrada de nuestra psique. Cuando somos
jóvenes, nos inclinamos más hacia el Yo, así como en las
trivialidades de la persona. Cuando envejecemos (asumiendo que
lo hemos hecho apropiadamente), nos dirigimos hacia
consideraciones más profundas sobre el self y nos acercamos
más a las gentes, hacia la vida y hacia el mismo universo. La
persona que se ha realizado (que ha desarrollado su sí mismo-
su self) es de hecho menos egocéntrica.
Sincronicidad
A través de los años los teóricos han discutido ampliamente
si los procesos psicológicos se establecen a partir de modelos
mecanicistas o teleológicos. El mecanicismo es la idea de que
las cosas funcionan a través de un proceso de causa-efecto.
Una cosa lleva a otra, y esa otra a una siguiente y así
sucesivamente, por lo que el pasado determina al presente. La
teleología es la idea que defiende que somos guiados por
nuestros propósitos, significados, valores y demás. El
mecanicismo está asociado al determinismo y las ciencias
naturales; la teleología está relacionada con el libre
albedrío y se considera en la actualidad una postura un tanto
rara. Es todavía común en filósofos moralistas, legalistas y
religiosos y, por supuesto también, en algunos teóricos de
la personalidad.
Con respecto
a los autores que revisamos en este libro, los freudianos y
los conductuales
tienden a ser mecanicistas,
mientras que los neofreudianos, humanistas y existencialistas
tienden a la postura teleológica. Jung cree que ambos juegan
algún papel, pero añade una última alternativa ideológica
llamada sincronicidad.
La sincronicidad
supone la ocurrencia de dos eventos que no están asociados ni causalmente ni teleológicamente, más sin
embargo tienen una relación significativa. Una vez, un
paciente me describía un sueño con un escarabajo y justo en
ese momento, por la ventana del despacho pasó volando un
escarabajo muy similar al que describía en su sueño. Muchas
veces, las personas soñamos con, digamos, la muerte de un ser
querido y a la mañana siguiente nos encontramos con la muerte
real de esa persona y que murió más o menos a la hora en que
lo soñamos. Algunas veces, cogemos el teléfono para llamar a
un amigo y nos encontramos con él en la línea al levantar el
auricular. La mayoría de los psicólogos llamarían a estas
situaciones coincidencias o intentan demostrarnos lo
frecuentes que son. Jung creía que estas situaciones eran
indicativas de cómo nos interconectamos los seres humanos con
la naturaleza en general a través del inconsciente colectivo.
Jung nunca
se aclaró con respecto a sus creencias
religiosas, pero esta idea inusual de sincronicidad la
hallamos fácilmente explicada en la perspectiva hindú de la
realidad. Desde este punto de vista, nuestros Yo individuales
son como islas en el mar. Estamos acostumbrados a ver el mundo
y a los demás como entes individuales y separados. Lo que no
vemos es que estamos conectados entre nosotros por medio del
suelo marino que subyace a las aguas.
El otro mundo
es llamado maya, que significa ilusión y se
considera un sueño de Dios o como un baile de Dios; esto es,
Dios lo ha creado, pero no es real en sí mismo. Nuestros Yo
individuales reciben el nombre de jivatman o almas
individuales, siendo también algo parecido a una ilusión.
Todos nosotros somos extensiones del único y supremo Atman o
Dios, el cual se permite olvidarse un poco de su identidad
para volverse aparentemente separado e independiente
volviéndose cada uno de nosotros. Pero de hecho, nunca estamos
separados del todo. Cuando morimos, nos despertamos siendo
lo
que realmente fuimos desde el principio: Dios.
Cuando soñamos o meditamos, nos metemos dentro de nuestro
inconsciente personal, acercándonos cada vez más a nuestra
esencia: el inconsciente colectivo. Es precisamente en estos
estados cuando somos más permeables a las “comunicaciones” de
otros Yo. La sincronicidad hace de la teoría de Jung una de
las pocas que no solo es compatible con los fenómenos
parapsicológicos, sino que incluso intenta explicarlos.
Introversión y extroversión
Jung desarrolló una tipología de la personalidad que se ha
vuelto tan popular que mucha gente cree que él no hizo nada
más. Esta empieza con la diferencia entre introversión
y extroversión. Las personas introvertidas prefieren
su mundo interno de pensamientos, sentimientos, fantasías, sueños
y demás, mientras que las extrovertidas prefieren el mundo
externo de las cosas, las actividades y las personas.
Estos términos se han confundido con vocablos como timidez
y sociabilidad, debido en parte a que los introvertidos suelen
ser tímidos y los extrovertidos tienden a ser más sociables.
Pero Jung se refería más a cuán inclinados estamos (nuestro
Yo) hacia la persona y la realidad externa o hacia el
inconsciente colectivo y sus arquetipos. En este sentido, el
sujeto introvertido es un poco más maduro que el extrovertido,
aunque bien es cierto que nuestra cultura valora más al
extrovertido…y Jung ¡ya nos avisó de que todos nosotros
tendemos a valorar nuestro propio tipo por encima de cualquier
otra cosa!.
En la actualidad,
encontramos la dimensión de
introversión-extroversión en varias teorías, de las cuales
destaca de forma notable la de Hans Eysenck, aunque esta
dimensión se esconda bajo los nombres alternativos de
“sociabilidad” y “surgencia”.
Las funciones
Aún cuando seamos introvertidos o extrovertidos, está claro
que necesitamos lidiar con el mundo, tanto interno como
externo. Y cada uno de nosotros posee su propia manera de
hacerlo, de manera más o menos cómoda y útil. Jung sugiere
que existen cuatro maneras o funciones de hacerlo:
La primera es la de las sensaciones,
que como indica la propia palabra supone la acción de obtener información a
través de los significados de los sentidos. Una persona
sensible es aquella que dirige su atención a observar y
escuchar, y por tanto, a conocer el mundo. Jung consideraba a
esta función como una de las irracionales, o lo que es lo
mismo, que comprende más a las percepciones que al juicio de
la información.
La segunda es la del pensamiento.
Pensar supone evaluar la información o las ideas de forma racional y lógica.
Jung llamó a esta función como racional, o la toma de
decisiones en base a juicios, en vez de una simple
consideración de la infomación.
La tercera es la intuición.
Este es un modelo de percepción que funciona fuera de los procesos conscientes
típicos. Es irracional o perceptiva como la sensación, pero
surge de una bastante más compleja integración de grandes
cantidades de información, más que una simple visión o
escucha. Jung decía que era como “ver alrededor de las
esquinas”.
La cuarta es el sentimiento.
Es el acto de sentir, como el de pensar. Es una cuestión de evaluación de la
información. En este caso está dirigida a la consideración de
la respuesta emocional en general. Jung le llamó racional;
evidentemente no de la manera en que estamos acostumbrados a
usar el término.
Todos nosotros
poseemos estas funciones. Diríamos que
simplemente la usamos en diferentes proporciones. Cada uno de
nosotros tiene una función superior que preferimos y que está
más desarrollada.; otra secundaria, de la cual somos
conscientes de su existencia y la usamos solo para apoyar a la
primera. También tenemos una terciaria, la cual está muy poco
desarrollada y no es muy consciente para nosotros y finalmente
una inferior, la cual está muy pobremente desarrollada y es
tan inconsciente que podríamos negar su existencia en
nosotros.
La mayoría de nosotros sólo desarrolla una o dos de las
funciones, pero nuestra meta debería ser desarrollar las
cuatro. Una vez más, Jung considera la trascendencia de los
opuestos como un ideal.
Valoración
Katharine
Briggs y su hija Isabel Briggs Myers encontraron tan valiosos
los tipos
y funciones de Jung de las
personalidades que decidieron desarrollar un test, el
Myers-Briggs Type Indicator (el Indicador de Tipo
Myers-Briggs). Llegando a ser uno de los tests más populares
y estudiados de cuantos hay.
A partir
de las respuestas de más o menos 125 preguntas, se
nos sitúa en uno de los 16 tipos, estableciendo una inclusión
definitiva en dos o tres tipos. El resultado del tipo al que
pertenecemos dice muy poco de nosotros (por ejemplo, nuestros
gustos o disgustos, nuestras elecciones de carrera, nuestra
compatibilidad con los demás y así sucesivamente). En general,
a muchas personas les gusta el test, ya que tiene la
particularidad de ser uno de los pocos tests que posee la
inusual cualidad de no ser demasiado juicioso: ninguno de los
tipos resultantes es exageradamente negativo ni tampoco
extremadamente positivo. En vez de valorar cuán “loco” estás,
simplemente abre tu personalidad a la exploración.
El test tiene
cuatro escalas. La Extrovesrión-introversión
(E-I) es la más importante. Los investigadores que han
aplicado el test han hallado que el 75% de la población es
extrovertida.
La siguiente
es la de Sensación-intuición (S-N), con cerca
del 75% de la población siendo sensible.
La próxima es la de Pensamiento-sentimiento (T-F). Aunque
los resultados en las poblaciones estudiadas se reparten casi
por igual, los investigadores han hallado que cerca de dos
tercios de los hombres pertenecen a la primera categoría,
mientras que otros dos tercios de las mujeres son
sentimentales. Estos resultados se podrían considerar un tanto
estereotipados, pero debemos tomar en cuenta que los
junguianos consideran de igual valor tanto al pensamiento como
al sentimiento y que, por supuesto, un tercio de los hombres
son sentimentales y que otro tercio de las mujeres utilizan
prioritariamente el pensamiento. Además, debemos considerar
que la sociedad sí establece diferencias de valor entre el
pensamiento y el sentimiento. Desde luego que un hombre
sentimental y una mujer excesivamente racional hallan
dificultades para lidiar con las expectativas de los
estereotipos de las personas en nuestra sociedad.
La última
escala es la de Juicio-percepción (J-P),
una escala incluida por Myers y Briggs y ausente de la teoría
junguiana. Estas autoras decidieron incluirla con el fin de
determinar cuál de las funciones podría ser superior.
Generalmente, las personas juiciosas son más cautas y
cuidadosas, incluso inhibidas en sus vidas. Las personas
perceptivas tienden a ser más espontáneas e incluso en
ocasiones descuidadas. La extroversión más una “J” supone que
la persona es una pensadora o una sentimental. Ambos son
poderosos. La extroversión más una “P” significa que estamos
frente a una persona sensible o intuitiva. En el otro extremo,
una persona introvertida con una “J” alta será un sensible o
un intuitivo, mientras que otra introvertida con una “P” alta
será un pensador o un sentimental. La J y la P están
distribuidas de manera equitativa en la población.
Cada tipo
está identificado por cuatro letras, tales como
ENFJ. Estos han llegado a ser tan populares que incluso
¡podemos hallarlos en las matrículas de los coches!.
ENFJ (Extroversión sentimental con intuición).
Estas personas son locuaces. Tienden a idealizar a sus amigos.
Se
comportan como buenos padres, pero tienen cierta tendencia
a dejarse manipular por ellos. Llegan a ser buenos terapeutas,
maestros, ejecutivos y comerciales.
ENFP (Extroversión intuitiva con sentimentalismo).
Estas personas aman lo nuevo y las sorpresas. Son muy emotivos
y expresivos. Son susceptibles de tener tensión muscular y
tienden a estar hiperalertas. En general, es común que tiendan
a sentir mucho su lado interno respecto a las emociones. Son
buenos para las ventas, la publicidad, la política y la
actuación.
ENTJ (Extroversión de pensamiento con intuición).
Cuando pertenecen a un hogar, esperan mucho de sus parejas y
sus hijos. Les gusta la organización y el orden y suelen ser
buenos ejecutivos y administradores.
ENTP (Extroversión intuitiva con pensamiento). Son
personas vivaces; nada aburridas o envejecidas. Como parejas,
son un tanto peligrosas en lo económico. Son buenos para el
análisis y poseen un gran espíritu empresarial. Tienden a
establecerse en una posición superior con respecto a otros
de forma muy sutil.
ESFJ (Extroversión sentimental con sensación). A
estas personas les gusta la armonía. Tienden a presentar una
postura de lo que “se debe” y “no se debe”. Suelen ser
dependientes, primero de sus padres y luego de sus parejas.
Son personas muy sensibles que se relacionan con los demás con
el corazón en la mano.
ESFP (Extroversión de sensación con
sentimentalismo). Son muy generosos e impulsivos, teniendo una
pobre tolerancia a la ansiedad. Pueden llegar a ser buenos
amenizadores, les gustan las relaciones públicas y aman el
teléfono. Deberían evitar grandes quebraderos de cabeza en
los estudios, como las ciencias.
ESTJ (Extroversión de pensamiento con sensación).
Son personas muy responsables como parejas, padres y como
trabajadores. Son realistas; con los pies sobre el suelo, más
bién aburridos y avejentados y aman la tradición. Usualmente
podemos verlos en clubes civiles.
ESTP (Extroversión de sensación con pensamiento).
Son personas orientadas hacia la acción, usualmente
sofisticadas e incluso arriesgadas (nuestro James Bond). Como
parejas son encantadores y excitantes, pero presentan
problemas a la hora de comprometerse. Se realizan como buenos
promotores, empresarios y artistas de la farándula.
INFJ (Introversión intuitiva con sentimentalismo).
Estos son los típicos estudiantes serios y aquellos
trabajadores que realmente quieren contribuir. Son muy
intimistas y se hieren con facilidad. Son buenas parejas, pero
tienden a ser muy reservados físicamente. Las personas creen
con frecuencia que son psíquicos. Se establecen como buenos
terapeutas, practicantes, ministros y demás.
INFP (Introversión sentimental con intuición). Estas
personas son idealistas, sacrificadas y con cierta reserva o
distancia de los demás. Son muy familiares y hogareños, pero
no se relajan con facilidad. Les hallamos con frecuencia entre
los psicólogos, arquitectos y religiosos, pero nunca entre los
hombres de negocios. Tanto Jung como yo, admiramos a este tipo
de personas. ¡Claro, Jung y yo somos así!.
INTJ (Introversión intuitiva con pensamiento). Es el
grupo más independiente de todos. Aman las ideas y la lógica y
por tanto son muy dados a la investigación científica. Son más
bien particulares en su forma de pensar.
INTP (Introversión de pensamiento con intuición).
Estos son los llamados ratas de biblioteca. Son personas
preocupadas, fieles y fácilmente pasan desapercibidos. (Como
ejemplo reciente, en la película “What women want” con Mel
Gibson y Helen Hunt, aparece un personaje de mujer en la
empresa donde trabaja el personaje de Gibson que pasa
plenamente desapercibida por los demás y ella está
constantemente pensando en esta situación. N.T.). Tienden a
ser muy precisos en el uso del lenguaje. Son buenos para la
lógica y las matemáticas y se hacen buenos filósofos y
científicos teóricos, pero nunca escritores o comerciales.
ISFJ (Introversión de sensación con
sentimentalismo). Son personas serviciales y están muy
dirigidos al trabajo. Pueden presentar fatiga y tienden a
sentirse atraídos por los gamberros. Son buenos enfermeros,
profesores, secretarios, practicantes, bibliotecarios,
empresarios de negocios medios y amas de llaves.
ISFP (Introversión sentimental con sensación). Son
tímidos y retraídos; poco habladores, pero les gustan los
actos que tengan que ver con actividades sensuales. Les gusta
la pintura, el dibujo, la escultura, la composición musical,
el baile (las artes en general) y la naturaleza. No son muy
buenos en el compromiso sentimental.
ISTJ (Introversión de sensación con pensamiento).
Son los llamados pilares dependientes de la fuerza. Usualmente
intentan modificar las formas de ser de sus parejas y de otras
personas. Llegan a ser buenos analistas bancarios, auditores,
contables, inspectores de hacienda, supervisores de librerías
y hospitales, negociantes, educadores de física y maestros,
e incluso, buenos boy scouts.
ISTP (Introversión de pensamiento con sensación).
Son personas orientadas a la acción y libres de miedo, y
buscan el riesgo. Son impulsivos y peligrosos de detener. Les
encantan las herramientas, los instrumentos y las armas, y
usualmente se convierten en expertos técnicos. No están
interesados en absoluto en las comunicaciones y con frecuente
son mal diagnosticados como disléxicos o hiperactivos. Tienden
a ser malos estudiantes.
Incluso sin
haber sido examinado por el test, bien podríamos reconocernos en alguno de los tipos descritos. O
mejor, ¡pregunten a otros; es muy probable que sean más
precisos en su valoración de nosotros!. Pero, si lo prefiere,
puede descargarse un test gratuito en Internet que parte de
Jung. La dirección es The Keirsey Temperament Sorter. ¡Se lo
recomiendo!.