La realidad psicológica freudiana empieza con el mundo
lleno de objetos. Entre ellos, hay uno especial: el cuerpo. El
cuerpo (Nos referiremos a cuerpo como vocablo para traducir
“organism”, ya que en psicología es más aceptado el término.
N.T.) es especial en tanto actúa para sobrevivir y
reproducirse y está guiado a estos fines por sus necesidades
(hambre, sed, evitación del dolor y sexo).
Una parte (muy importante, por cierto) del cuerpo lo
constituye el sistema nervioso, del que una de sus
características más prevalentes es la sensibilidad que posee
ante las necesidades corporales. En el nacimiento, este
sistema es poco más o menos como el de cualquier animal, una
“cosa”, o más bien, el Ello. El sistema nervioso como
Ello, traduce las necesidades del cuerpo a fuerzas
motivacionales llamadas pulsiones (en alemán “Triebe”).
Freud también los llamó deseos. Esta traslación de
necesidad a deseo es lo que se ha dado a conocer como proceso primario.
El Ello tiene el trabajo particular de preservar el
principio de placer, el cual puede entenderse como
una demanda de atender de forma inmediata las necesidades.
Imagínese por ejemplo a un bebé hambriento en plena rabieta.
No “sabe” lo que quiere, en un sentido adulto, pero “sabe” que
lo quiere…¡ahora mismo!. El bebé, según la concepción
freudiana, es puro, o casi puro Ello. Y el Ello no es más que
la representación psíquica de lo biológico.
Pero, aunque el Ello y la necesidad de comida puedan
satisfacerse a través de la imagen de un filete jugoso, al
cuerpo no le ocurre lo mismo. A partir de aquí, la necesidad
solo se hace más grande y los deseos se mantienen aún más.
Usted se habrá percatado de que cuando no ha satisfecho una
necesidad, como la de comer por ejemplo, ésta empieza a
demandar cada vez más su atención, hasta que llega un momento
en que no se puede pensar en otra cosa. Este sería el deseo
irrumpiendo en la consciencia.
Menos mal que existe una pequeña porción de la mente a la
que nos referimos antes, el consciente, que está agarrado a la
realidad a través de los sentidos. Alrededor de esta
consciencia, algo de lo que era “cosa” se va convirtiendo en Yo en
el primer año de vida del niño. El Yo se apoya en
la realidad a través de su consciencia, buscando objetos para
satisfacer los deseos que el Ello ha creado para representar
las necesidades orgánicas. Esta actividad de búsqueda de
soluciones es llamada proceso secundario.
El Yo, a diferencia del Ello, funciona de acuerdo con el
principio de realidad, el cual estipula que se “satisfaga una necesidad tan pronto haya un objeto
disponible”. Representa la realidad y hasta cierto punto, la
razón.
No obstante, aunque el Yo se las ingenia para mantener
contento al Ello (y finalmente al cuerpo), se encuentra con
obstáculos en el mundo externo. En ocasiones se encuentra con
objetos que ayudan a conseguir las metas. Pero el Yo capta y
guarda celosamente todas estas ayudas y obstáculos,
especialmente aquellas gratificaciones y castigos que obtiene
de los dos objetos más importantes del mundo de un niño: mamá
y papá. Este registro de cosas a evitar y estrategias para
conseguir es lo que se convertirá en Superyo. Esta
instancia no se completa hasta los siete años de edad y en
algunas personas nunca se estructurará.
Hay dos aspectos del Superyo: uno es la consciencia,
constituida por la internalización de los castigos y
advertencias. El otro es llamado el Ideal del Yo, el
cual deriva de las recompensas y modelos positivos presentados
al niño. La consciencia y el Ideal del Yo comunican sus
requerimientos al Yo con sentimientos como el orgullo, la
vergüenza y la culpa.
Es como si en la niñez hubiésemos adquirido un nuevo
conjunto de necesidades y de deseos acompañantes, esta vez de
naturaleza más social que biológica. Pero, por desgracia,
estos nuevos deseos pueden establecer un conflicto con los
deseos del Ello. Ya ve, el Superyo representaría la sociedad,
y la sociedad pocas veces satisface sus necesidades.
Pulsiones de Vida y Pulsión de Muerte
Freud consideró que todo el comportamiento humano estaba
motivado por las pulsiones, las cuales no son más que las
representaciones neurológicas de las necesidades físicas. Al
principio se refirió a ellas como pulsiones de vida.
Estas pulsiones perpetúan (a) la vida del sujeto, motivándole
a buscar comida y agua y (b) la vida de la especie,
motivándole a buscar sexo. La energía motivacional de estas
pulsiones de vida, el “oomph” que impulsa nuestro psiquismo,
les llamó libido, a partir del latín significante de
“yo deseo”.
La experiencia clínica de Freud le llevó a considerar el
sexo como una necesidad mucho más importante que otras en la
dinámica de la psiquis. Somos, después de todo, criaturas
sociales y el sexo es la mayor de las necesidades sociales.
Pero, aunque debemos recordar que cuando Freud hablaba de
sexo, hablaba de mucho más que solo el coito, la libido se ha
considerado como la pulsión sexual.
Más tarde en su vida, Freud empezó a creer que las
pulsiones de vida no explicaban toda la historia. La libido es
una cosa viviente; el principio de placer nos mantiene en
constante movimiento. Y la finalidad de todo este movimiento
es lograr la quietud, estar satisfecho, estar en paz, no tener
más necesidades. Se podría decir que la meta de la vida, bajo
este supuesto, es la muerte. Freud empezó a considerar que
“debajo” o “a un lado” de las pulsiones de vida había una pulsión
de muerte. Empezó a defender la idea de que
cada persona tiene una necesidad inconsciente de morir.
Parece una idea extraña en principio, y desde luego fue
rechazada por muchos de sus estudiantes, pero creemos que
tiene cierta base en la experiencia: la vida puede ser un
proceso bastante doloroso y agotador. Para la gran mayoría de
las personas existe más dolor que placer, algo, por cierto,
que nos cuesta trabajo admitir. La muerte promete la
liberación del conflicto.
Freud se refirió a esto como el principio de
Nirvana. Nirvana es una idea budista usualmente traducida
como “Cielo”, aunque su significado literal es “soplido que
agota”, como cuando la llama de una vela se apaga suavemente
por un soplido. Se refiere a la no-existencia, a la nada, al
vacío; lo que constituye la meta de toda vida en la filosofía
budista.
La evidencia cotidiana de la pulsión de muerte y su
principio de nirvana está en nuestro deseo de paz, de escapar
a la estimulación, en nuestra atracción por el alcohol y los
narcóticos, en nuestra propensión a actividades de
aislamiento, como cuando nos perdemos en un libro o una
película y en nuestra apetencia por el descanso y el sueño. En
ocasiones esta pulsión se representa de forma más directa como
el suicidio y los deseos de suicidio. Y en otros momentos, tal
y como Freud decía, en la agresión, crueldad, asesinato y
destructividad.
Ansiedad
Una vez, Freud dijo: “la vida no es fácil”.
El Yo está justo en el centro de grandes fuerzas; la
realidad, la sociedad, está representada por el Superyo; la
biología está representada por el Ello. Cuando estas dos
instancias establecen un conflicto sobre el pobre Yo, es
comprensible que uno se sienta amenazado, abrumado y en una
situación que parece que se le va a caer el cielo encima. Este
sentimiento es llamado ansiedad y se considera como una señal
del Yo que traduce sobrevivencia y cuando concierne a todo el
cuerpo se considera como una señal de que el mismo está en
peligro.
Freud habló de tres tipos de ansiedades: la primera es la ansiedad de realidad,
la cual puede llamarse en términos coloquiales como miedo. De hecho, Freud habló
específicamente de la palabra miedo, pero sus traductores
consideraron la palabra como muy mundana. Podríamos entonces
decir que si uno está en un pozo lleno de serpientes
venenosas, uno experimentará una ansiedad de realidad.
La segunda es la ansiedad moral y se refiere a lo
que sentimos cuando el peligro no proviene del mundo externo,
sino del mundo social interiorizado del Superyo. Es otra
terminología para hablar de la culpa, vergüenza y el miedo
al castigo.
La última es la ansiedad neurótica. Esta consiste
en el miedo a sentirse abrumado por los impulsos del Ello.
Si en
alguna ocasión usted ha sentido como si fuésemos a perder el
control, su raciocinio o incluso su mente, está experimentando
este tipo de ansiedad. “Neurótico” es la traducción literal
del latín que significa nervioso, por tanto podríamos llamar a
este tipo de ansiedad, ansiedad nerviosa. Es este el tipo de
ansiedad que más interesó a Freud y nosotros le llamamos
simple y llanamente ansiedad.
Los Mecanismos de Defensa
El Yo lidia con las exigencias de la realidad, del Ello
y del Superyo de la mejor manera que puede. Pero cuando la
ansiedad llega ser abrumadora, el Yo debe defenderse a sí
mismo. Esto lo hace bloqueando inconscientemente los impulsos
o distorsionándoles, logrando que sean más aceptables y menos
amenazantes. Estas técnicas se han llamado mecanismos
defensivos yoicos y tanto Freud como su hija Anna, así como
otros seguidores han señalado unos cuantos.
La Negación se refiere al bloqueo de los eventos
externos a la consciencia. Si una situación es demasiado
intensa para poder manejarla, simplemente nos negamos a
experimentarla. Como podrían suponer, esta defensa es
primitiva y peligrosa (nadie puede desatender la realidad
durante mucho tiempo). Este mecanismo usualmente opera junto
a otras defensas, aunque puede funcionar en exclusiva.
En una ocasión, mientras estaba leyendo en la sala de mi
casa, mi hija de cinco años veía unos dibujos animados de la
tele, creo que los Pitufos. Como casi todos los niños de su
edad, tenía el hábito de estar demasiado cerca de la pantalla.
En un momento determinado donde parece que los responsables de
la emisora no prestaban atención suficiente, pasaron
abruptamente a un anuncio de una película de terror a
estrenarse próximamente en el cine. Contenía muchas escenas
violentas de sangre y masacre, con un cuchillo ensangrentado,
una máscara de hockey y gritos de terror. Como ya era tarde
para salvar a mi hija de tal invasión, hice l que todo padre
psicólogo haría con su hijo: ¡Vaya, ese anuncio era
terrorífico, ¿verdad?!. Ella dijo: ¿eh?. Yo dije a
continuación: Ese anuncio…fue horroroso, ¿no?. Y dice ella:
¿qué anuncio?. Yo contesté abruptamente: ¡Ese, el de la
máscara de hockey; el del cuchillo sangriento y esos gritos!.
Aparentemente, mi hija había borrado todo el anuncio de su
cabeza.
Desde aquel momento, en mi vida he visto muchas reacciones
parecidas en niños cuando son confrontados a situaciones a las
que no están preparados. También he visto personas
desmayándose en una autopsia (personas que niegan la realidad
de la muerte de un ser querido) y estudiantes que se olvidan
de buscar las notas de sus exámenes. Todo esto es negación.
La Represión, defensa que Anna Freud llamó también
“olvido motivado” es simplemente la imposibilidad de recordar
una situación, persona o evento estresante. Esta defensa
también es peligrosa y casi siempre va acompañada de otras
más.
Cuando era un adolescente, desarrollé un fuerte sentimiento
de miedo hacia las arañas, especialmente aquellas con patas
largas. No sabía de donde venía ese miedo, pero empezaba a ser
bastante engorroso cuando precisamente iba a entrar en el
instituto, antes de la universidad. En el instituto, un
consejero me ayudó a llevarlo mejor (con algo que él llamaba
desensibilización sistemática), pero aún no tenía ni idea de
dónde podía provenir el miedo. Años más tarde, tuve un sueño
particularmente vívido y claro donde me veía encerrado por mi
primo en un cortijo de la parte de atrás de la casa de mis
abuelos. La habitación era oscura y estaba muy sucio. El suelo
estaba cubierto de (ya lo habrán sabido) ¡arañas con patas
largas!).
La comprensión freudiana de este sueño es bastante simple:
reprimí un evento traumático (el incidente del cortijo), pero
cuando en la realidad veía arañas, surgía la ansiedad del
evento sin traer consigo el recuerdo del acontecimiento.
Otros ejemplos abundan en la literatura. Anna Freud habla
de uno en concreto que es particularmente especial: una chica
jóven, acosada de una culpa importante por sus fuertes deseos
sexuales, tiende a olvidar el nombre de su novio, aún cuando
le está presentando a sus amistades. O un alcohólico que no
puede recordar su intento de suicidio, argumentando que debió
“haberse bloqueado”. O alguien que casi se ahoga de pequeño,
pero es incapaz de recordar el evento aunque los demás
intenten recordárselo…pero presenta un miedo terrible a los
lagos y mares.
Nótese que para que haya un verdadero ejemplo de defensa,
debe funcionar de forma inconsciente (Laplanche y Pontalis en
su Diccionario de Psicoanálisis ? Ed. Labor, 1993- establecen
que la defensa adquiere a menudo un carácter compulsivo y
actúa, al menos parcialmente, inconscientemente. N.T.).
Mi
hermano tenía un miedo terrible a los perros cuando era niño,
pero no había en esta experiencia ninguna defensa en juego.
Simplemente él no que ría repetir la experiencia de haber sido
mordido por uno de ellos. Comúnmente, eso que llamamos miedos
irracionales o fobias derivan de la represión de traumas.
Ascetismo es la renuncia de las necesidades es una
de las defensas que menos hemos oído hablar, pero se ha puesto
nuevamente de moda con la emergencia del trastorno llamado
anorexia. Los pre-adolescentes, cuando se sienten amenazados
por sus emergentes deseos sexuales, pueden protegerse a sí
mismos inconscientemente a través de negar no sólo sus deseos
sexuales, sino también todos sus deseos. Así, se embarcan en
una vida como si fueran monjes, con una tendencia ascética
donde renuncian a cualquier interés sobre lo que los demás
renuncian.
En los chicos de hoy hay un interés marcado en la
autodisciplina de la artes marciales. Afortunadamente, las
artes marciales no solo no hacen (mucho) daño, sino que
incluso pueden ayudarles. Por el contrario, las chicas de
nuestra sociedad desarrollan con mucha frecuencia un interés
importante por alcanzar estándares artificiales de belleza
basados en la delgadez. Considerando la teoría freudiana, la
negación de estas chicas a comer es una tapadera de su
negación a su desarrollo sexual. Y desde luego que la sociedad
aumenta la presión. ¡Lo que para otras sociedades representa
una mujer madura es para nosotros una mujer con 20 libras de
más!.
Aislamiento (también llamado intelectualización)
consiste en separar la emoción (o el afecto. N.T.) de un
recuerdo doloroso o de un impulso amenazante. La persona puede
reconocer, de forma muy sutil, que ha sido abusada de pequeña,
o puede demostrar una curiosidad intelectual sobre su
orientación sexual recién descubierta. Algo que debe
considerarse como importante, sencillamente se trata como si
no lo fuera.
En situaciones de emergencia, hay algunas personas que se
sienten completamente calmados e íntegros hasta que se haya
pasado la situación difícil, y es entonces cuando se vienen
abajo. Algo te dice que te mantengas entero mientras dure la
emergencia. Es bastante común que nos encontremos con personas
totalmente inmersas en obligaciones sociales alrededor de la
muerte de un ser querido. Los médicos y las enfermeras deben
aprender a separar sus reacciones naturales de su ejercicio
profesional cuando están en presencia de pacientes heridos, o
cuando necesitan operarles, o simplemente cuando tienen que
clavar una aguja. Deben tratar al paciente como algo menos que
humanos cálidos con familias y viviendo una vida similar a la
de ellos. Muchos adolescentes se dirigen a ver en masa las
películas de terror, e incluso se obsesionan con la cuestión,
quizás para lograr combatir el miedo real. Nada demuestra el
aislamiento más claramente que un cine lleno de gente riéndose
histéricamente ante el descuartizamiento de un ser humano en
la pantalla.
El Desplazamiento es la “redirección” de un impulso
hacia otro blanco que lo sustituya. Si el impulso o el deseo
es aceptado por ti, pero la persona al que va dirigido es
amenazante, lo desvías hacia otra persona u objeto simbólico.
Por ejemplo, alguien que odia a su madre puede reprimir ese
odio, pero lo desvía hacia, digamos, las mujeres en general.
Alguien que no haya tenido la oportunidad de amar a un ser
humano puede desviar su amor hacia un gato o un perro. Una
persona que se siente incómodo con sus deseos sexuales hacia
alguien, puede derivar este deseo a un fetiche. Un hombre
frustrado por sus superiores puede llegar a casa y empezar
a pegar al perro o a sus hijos o establecer discusiones
acaloradas.
Agresión contra el propio self (Utilizaremos aquí el
propio término en inglés para referirnos al “sí mismo, ya que
en la psicología en español se usa con mayor frecuencia el
vocablo en inglés “self”. N.T.). Es una forma muy especial de
desplazamiento y se establece cuando la persona se vuelve su
propio blanco sustitutivo. Usualmente se usa cuando nos
referimos a la rabia, irritabilidad y la agresión, más que a
impulsos más positivos. Constituye la explicación freudiana
para muchos de nuestros sentimientos de inferioridad, culpa y
depresión. La idea de que la depresión es muchas veces el
producto de la rabia contra un objeto (persona) que no
queremos reconocer, es ampliamente aceptada por freudianos
y otros de diversas corrientes.
Hace un tiempo, en una etapa en la que no me sentía muy
bien, mi hija de cinco años derramó un vaso de leche con
chocolate en el salón de casa. Me levanté incómodo y empecé a
decirle gritándole que cómo era posible que después de
habérselo dicho tantas veces lo hacía de nuevo. Que tenía que
ser más cuidadosa porque ya era mayor y…etc. En ese momento,
mi hija empezó a golpearse la cabeza varias veces. Obviamente,
ella no me golpearía la cabeza a mí, ¿no?. De más está decir
que a partir de aquel suceso me he sentido culpable hasta hoy.
Proyección o desplazamiento hacia fuera, como Anna
Freud le llamó, es casi completamente lo contrario de la
agresión contra el propio self. Comprende la tendencia a ver
en los demás aquellos deseos inaceptables para nosotros. En
otras palabras; los deseos permanecen en nosotros, pero no son
nuestros. Confieso que cuando oigo a alguien hablar sin parar
sobre cómo está de agresiva nuestra sociedad o cómo está
aquella persona de pervertida, no puedo dejar de preguntarme
si esta persona no tiene una buena acumulación de impulsos
agresivos o sexuales que no quiere ver en ella misma.
Déjenme mostrarles algunos ejemplos. Un marido fiel y bueno
empieza a sentir atracción por una vecina guapa y atractiva.
En vez de aceptar estos sentimientos, se vuelve cada vez más
celoso con su mujer, a la que cree infiel y así sucesivamente.
O una mujer que empieza a sentir deseos sexuales leves hacia
sus amigas.. En lugar de aceptar tales sentimientos como algo
bastante normal, se empieza preocupar cada vez más por el alto
índice de lesbianismo en su barrio.
La Rendición altruista es una forma de proyección
que parece a primera vista como lo opuesto: aquí, la persona
intenta llenar sus propias necesidades de forma vicaria a
través de otras gentes.
Un ejemplo común es el del amigo (siempre conocemos alguno)
que en vez de buscar algún amigo o relación por sí mismo,
embarca a los demás a que las tengan. Son esos que te dicen
curiosamente “¿y qué paso anoche con tu cita?” o “Qué, ¿ya
tienes pareja o no?”. Un ejemplo extremo sería el de la
persona que vive completamente su vida para y a través de los
demás. (La rendición altruista también es común en los grupos
ideológicos dogmáticos, incluyendo grupos de “ciencia”, así
como de personas que se someten a una religión por completo o
a una vida dedicada únicamente a servir a los demás. N.T.).
La Formación reactiva, o “creencia en lo opuesto”,
como Anna Freud llamó, es el cambio de un impulso inaceptable
por su contrario. Así, un niño. Enfadado con su madre, puede
volverse un niño muy preocupado por ella y demostrarle mucho
cariño. El niño que sufre abusos por parte de un progenitor,
se vuelve hacia él corriendo. O alguien que no acepta un
impulso homosexual, puede repudiar a los homosexuales.
Quizás el ejemplo más significativo de formación reactiva
lo encontramos en niños entre 7 y 11 años. La mayoría de los
chicos, sin dudarlo, hablarán mal de las chicas o incluso no
querrán saber nada del tema. Las niñas harán lo mismo con
respecto a ellos. Pero, si nosotros, los adultos, les vemos
jugar, podemos decir con toda seguridad cuáles son sus
verdaderos sentimientos.
La Anulación Retroactiva comprende rituales o gestos
tendientes a cancelar aquellos pensamientos o sentimientos
displacenteros después de que han ocurrido. Por ejemplo, Anna
Freud mencionaba a un niño que recitaba el alfabeto al revés
siempre que tenía un pensamiento sexual, o que se volvía y
escupía cuando se encontraba con otro niño que compartiese su
pasión por la masturbación.
En personas “normales”, la anulación retroactiva es, por
supuesto, más consciente, pidiendo formalmente excusas o
estableciendo actos de expiación. Pero, en algunas personas
los actos de expiación no son conscientes en absoluto. Fíjese,
por ejemplo, en un padre alcohólico que después de un año de
abusos verbales y quizás físicos, regala los mejores juguetes
a sus hijos en Navidad. Cuando pasa la época navideña y
percibe que sus hijos no se han dejado engañar por los
regalos, se vuelve al bar de siempre y le comenta al camarero
lo desagradecida que es su familia, lo que le lleva a beber.
Uno de los ejemplos clásicos de esta defensa es el lavarse
después de una relación sexual. Sabemos que es perfectamente
común lavarse después de esto, pero si usted tiene que
ducharse durante tiempo y frotarse concienzudamente con un
jabón fuerte, quizás el sexo no le va mucho.
La Introyección, muchas veces llamada
identificación, comprende la adquisición o atribución de
características de otra persona como si fueran de uno, puesto
que hacerlo, resuelve algunas dificultades emocionales. Por
ejemplo, si se le deja solo a un niño con mucha frecuencia, él
intenta convertirse en “papá” de manera de disminuir sus
temores. En ocasiones les vemos jugando a con sus muñecos
diciéndoles que no deben tener miedo. También podemos observar
cómo los chicos mayores y adolescentes adoran a sus ídolos
musicales, pretendiendo ser como ellos para lograr establecer
una identidad.
Un ejemplo más inusual es el de una mujer que vive al lado
de mis abuelos. Su esposo había muerto y ella comenzó a vestir
en sus ropas, aunque prolijamente adaptada a su figura. Empezó
a presentar varios de sus hábitos, como fumar en pipa. Aunque
para los vecinos, todo esto era extraño y le llamaban el
“hombre-mujer”, ella no presentaba confusión alguna con
respecto a su identidad sexual. De hecho, más tarde se casó,
manteniendo hasta el final sus trajes de hombre y su pipa.
Debo agregar en este momento que en la teoría freudiana, el
mecanismo de identificación es aquel a través del cual
desarrollamos nuestro Super-yo.
Identificación con el Agresor es una versión de la
introyección que se centra en la adopción no de rasgos
generales o positivos del objeto, sino de negativos. Si uno
está asustado con respecto a alguien, me convierto
parcialmente en él para eliminar el miedo.
Dos de mis
hijas, las cuales se han criado con un gato de bastante mal
genio, recurren muchas veces a maullar y chillar para evitar
que salga repentinamente de un armario o de una esquina oscura
y vaya a morderle los tobillos.
Un ejemplo más dramático es aquel llamado Síndrome de
Estocolmo. Después de una crisis de rehenes en Estocolmo, los
psicólogos se sorprendieron al ver que las rehenes no solo no
estaban terriblemente enojadas con sus captores, sino incluso
sumamente simpáticas hacia ellos. Un caso más reciente es el
de una mujer joven llamada Patricia Hearst, proveniente de una
familia muy influyente y rica. Fue secuestrada por un pequeño
grupo revolucionarios autoproclamados conocidos como el
Ejército de Liberación Simbionés. La retuvieron armarios, la
violaron y maltrataron. A pesar de esto, decidió unirse a
ellos, haciendo pequeños videos de propaganda para éstos e
incluso portando un arma de fuego en un atraco cometido a un
banco. Posteriormente a su detención, sus abogados defendieron
con fuerza su inocencia, proclamándole como víctima, no como
una criminal. No obstante, fue sentenciada a 7 años de prisión
por el robo al banco. Su sentencia fue conmutada al cabo de
dos años por el presidente Carter.
La Regresión constituye una vuelta atrás en el
tiempo psicológico cuando uno se enfrenta a un estrés. Cuando
estamos en problemas o estamos atemorizados, nuestros
comportamientos se tornan más infantiles o primitivos. Un
niño, por ejemplo, piede empezar a chuparse el dedo nuevamente
o a hacerse pis si necesitan pasarse un timepo en el hospital.
Un adolescente puede empezar a reirse descontroladamente en
una situación de encuentro social con el sexo opuesto. Un
estudiante preuniversitario debe traerse consigo un muñeco de
peluche de casa a un exámen. Un grupo de personas civilizadas
se pueden volver violentas en un momento de amenaza. O un
señor mayor que después de 20 años en una empresa es despedido
y a partir de ese momento se vuelve perezoso y dependiente
de
su esposa de una manera infantil.
¿A dónde nos retiramos cuando nos enfrentamos al estrés?.
De acuerdo con la teoría freudiana, a un tiempo de la vida
donde nos sentimos seguros y a salvo.
El mecanismo de Racionalización es la distorsión
cognitiva de los “hechos” para hacerlos menos amenazantes.
Utilizamos esta defensa muy frecuentemente cuando de manera
consciente explicamos nuestros actos con demasiadas excusas.
Pero, para muchas personas con un Yo sensible, utilizan tan
fácilmente las excusas, que nunca se dan cuenta de ellas. En
otras palabras, muchos de nosotros estamos bastante bien
preparados para creernos nuestras mentiras.
Una buena forma de entender las defensas es verlas como
una combinación de negación o represión con varias clases
de racionalizaciones.
Todas las defensas son, de hecho, mentiras, incluso si no
somos conscientes de ellas. Es más, si no nos damos cuenta de
ellas, son aún más peligrosas, si cabe. Como su abuela le
dice: “Ay, cómo nos complicamos la vida…”. Las mentiras traen
más mentiras y nos lleva cada vez más lejos de la verdad, de
la realidad. Después de un tiempo, el Yo no puede preservarnos
de las demandas del Ello o empieza a hacerle caso al Superyo.
Empieza a surgir fuertemente la ansiedad y nos venimos abajo.
Pero aún así, Freud consideró que las defensas eran
necesarias. No podemos esperar que una persona, especialmente
un niño, pueda con todo el dolor y las penas que la vida le
depara. Aunque algunos de sus seguidores sugirieron que todas
las defensas podían utilizarse con fines positivos, Freud dijo
que solo había una, la sublimación.
La Sublimación es la transformación de un impulso
inaceptable, ya sea sexo, rabia, miedo o cualquier otro, en
una forma socialmente aceptable, incluso productiva. Por esta
razón, alguien con impulsos hostiles puede desarrollar
actividades como cazar, ser carnicero, jugador de rugby o
fútbol o convertirse en mercenario. Una persona que sufre de
gran ansiedad en un mundo confuso puede volverse un
organizado, o una persona de negocios o un científico. Alguien
con impulsos sexuales poderosos puede llegar a ser fotógrafo,
artista, un novelista y demás. Para Freud, de hecho, toda
actividad creativa positiva era una sublimación, sobre todo de
la pulsión sexual.
Los Estadios
Como mencioné antes, para Freud la pulsión sexual es la
fuerza mtivacional más importante. Éste creía que esta fuerza
no era solo la más prevalente para los adultos, sino también
en los niños, e incluso en los infantes. Cuando Freud presentó
sus ideas sobre sexualidad infantil por primera vez, el
público vienés al que se dirigió no estaba preparado para
hablar de sexo en los adultos, y desde luego menos aún en los
niños.
Es cierto que la capacidad orgásmica está presente desde el
nacimiento, pero Freud no solo hablaba de orgasmo. La
sexualidad no comprende en exclusiva al coito, sino todas
aquellas sensaciones placenteras de la piel. Está claro que
hasta el más mojigato de nosotros, incluyendo bebés, niños y
adultos, disfrutamos de as experiencias táctiles como los
besos, caricias y demás.
Freud observó que en distintas etapas de nuestra vida,
diferentes partes de la piel que nos daban mayor placer. Más
tarde, los teóricos llamarían a estas áreas zonas erógenas.
Vio que los infantes obtenían un gran monto de placer a través
de chupar, especialmente del pecho. De hecho, los bebés
presentan una gran tendencia a llevarse a la boca todo lo que
tienen a su alrededor. Un poco más tarde en la vida, el niño
concentra su atención al placer anal de retener y expulsar.
Alrededor de los tres o cuatro años, el niño descubre el
placer de tocarse sus genitales. Y solo más tarde, en nuestra
madurez sexual, experimentamos un gran placer en nuestras
relaciones sexuales. Basándose en estas observaciones, Freud
postuló su teoría de los estadios psicosexuales.
La etapa oral se establece desde el nacimiento hasta
alrededor de los 18 meses. El foco del placer es, por
supuesto, la boca. Las actividades favoritas del infante son
chupar y morder.
La etapa anal se encuentra entre los 18 meses hasta
los tres o cuatro años de edad. El foco del placer es el
ano. El goce surge de retener y expulsar.
La etapa fálica va desde los tres o cuatro años
hasta los cinco, seis o siete. El foco del placer se centra en
los genitales. La masturbación a estas edades es bastante
común.
La etapa de latencia dura desde los cinco, seis o
siete años de edad hasta la pubertad, más o menos a los 12
años. Durante este período, Freud supuso que la pulsión sexual
se suprimía al servicio del aprendizaje. Debo señalar aquí,
que aunque la mayoría de los niños de estas edades están
bastante ocupados con sus tareas escolares, y por tanto
“sexualmente calmados”, cerca de un cuarto de ellos están muy
metidos en la masturbación y en jugar “a los médicos”. En los
tiempos represivos de la sociedad de Freud, los niños eran más
tranquilos en este período del desarrollo, desde luego, que
los actuales.
La etapa genital empieza en la pubertad y representa
el resurgimiento de la pulsión sexual en la adolescencia,
dirigida más específicamente hacia las relaciones sexuales.
Freud establecía que tanto la masturbación, el sexo oral, la
homosexualidad como muchas otras manifestaciones
comportamentales eran inmaduras, cuestiones que actualmente
no lo son para nosotros.
Estas etapas constituyen una verdadera teoría de períodos
que la mayoría de los freudianos siguen al pie de la letra,
tanto en su contenido como en las edades que comprenden.
La crisis Edípica
Cada estadio comprende una serie de tareas difíciles
propias de donde surgirán multitud de problemas. Para la fase
oral es el destete; para la anal, el control de esfínteres;
para la fálica, es la crisis edípica, llamada así por la
historia griega del rey Edipo, quien inadvertidamente mató a
su padre y se casó con su madre.
Veamos como funciona la llamada crisis edípica. El primer
objeto de amor de todos nosotros es nuestra madre. Queremos su
atención, queremos su afecto, queremos su cuidado; la
queremos, la deseamos de una manera ampliamente sexual. No
obstante, el niño tiene un rival ante estos deseos,
personificado en su padre. Éste es mayor, más fuerte, más
listo y se va a la cama con ella, mientras que el chico es
desplazado a dormir solo en su habitación. El padre es el
enemigo.
Ya en el momento en que el niño se da cuenta de esta
relación arquetípica, ya se ha percatado de las diferencias
entre niños y niñas, además del pelo largo y los estilos de
vestirse. Desde su punto de vista párvulo, la diferencia
estriba en que tiene un pene, cosa que no tiene la chica. En
este período de la vida, éste cree que es mejor tener algo
que carecer de ello, por lo que se siente satisfecho y orgulloso
de poseerlo.
Pero, aparece la pregunta: ¿y dónde está el pene de la
niña?. Quizás lo ha perdido de alguna forma. Quizás se lo
cortaron. ¡Quizás lo mismo me puede pasar a mí!. Este es el
inicio de la ansiedad de castración, un nombre poco apropiado
para definir el temor a perder el propio pene.
Volviendo a la historia anterior, el niño, al reconocer la
superioridad de su padre y temiendo a su pene, empieza a poner
en práctica algunas de sus defensas yoicas. Desplaza sus
impulsos sexuales a su madre hacia las chicas y posteriormente
a las mujeres. Y se identifica con el agresor, su papá, e
intenta parecerse cada vez más a él; esto es, un hombre.
Después de unos años de latencia, entra en la adolescencia
y al mundo de la heterosexualidad madura.
La niña también empieza su vida con amor hacia su madre,
por lo que se nos presenta el problema de tener que redirigir
sus afectos hacia su padre antes de que tenga lugar el proceso
edípico. Freud responde a esto con la envidia al pene. La niña
ha notado también que ante la diferencia de ambos sexos, ella
no puede hacer nada. A ella le gustaría tener un pene también,
así como todo el poder asociado a éste. Mucho más tarde podrá
tener un sustituto, como un bebé. Como todo niño sabe, se
necesita de un papá y una mamá para tener un bebé, de manera
que gira su atención y cariño hacia papá.
Pero, papá, por supuesto ya está cogido por alguien. La
chica entonces le desplaza por los chicos y hombres,
identificándose con mamá, la mujer que posee al hombre que
ella verdaderamente desea. Debemos observar que hay algo aquí
que falta. La niña no sufre por el poder motivacional de la
ansiedad de castración, ya que ella no puede perder lo que
nunca ha tenido. Freud pensó que la falta de este tremendo
miedo es lo que provocaba que las mujeres fuesen menos firmes
en su heterosexualidad que los hombres y un poco menos
inclinadas hacia los aspectos morales en general.
Antes de que usted se torne rabioso por esta poco agraciada
sdescripción de la sexualidad femenina, no se preocupe, que
muchas personas han respondido a ello. Retornaremos a esto en
sección sobre la discusión.
Carácter
Las experiencias que uno va acumulando a lo largo de la
vida contribuyen a forjar su personalidad o carácter como
adulto. Freud creía que las experiencias traumáticas tenían un
efecto especialmente fuerte en esta etapa. Indudablemente,
cada trauma en particular podría tener su impacto específico
en una persona, lo cual solo podía explorarse y comprenderse
sobre una base individual. Pero, aquellos traumas asociados
con los estadios de desarrollo por los que todos pasamos,
tendrían mayor consistencia.
Si una persona presenta algún tipo de dificultad en
cualquiera de las tareas asociadas con estas etapas (el
destete, el control de esfínteres o en la búsqueda de la
identidad sexual) tenderá a retener ciertos hábitos infantiles
o primitivos. A esto se le llama fijación.
La fijación provoca que cada problema de una etapa
específica se prolongue considerablemente en nuestro carácter
o personalidad.
Si, teniendo 18 meses de edad, se encuentra constantemente
frustrado en su necesidad de chupar, ya sea porque mamá está
incómoda o incluso es muy ruda con usted, o sencillamente
quiere destetarle demasiado rápido, usted puede desarrollar un
carácter oral-pasivo. Una personalidad de este tipo
tiende a depender mucho de los demás. Usualmente buscan
“gratificaciones orales” tales como comer, beber y fumar. Es
como si estuviesen buscando los placeres que se perdieron en
la infancia.
Cuando tenemos entre 5 y 8 meses de edad, empezamos la
dentición. Una acción que nos satisface mucho en este período
es morder todo lo que esté a nuestro alcance, como por
ejemplo, el pezón de mamá. Si esta acción es causante de
displacer o se corta demasiado rápido. Podremos desarrollar
entonces una personalidad oral-agresiva. Esta personas
retienen de por vida un deseo de morder cosas, como lápices,
chicles, así como personas. Tienden a ser verbalmente
agresivos, sarcásticos, irónicos y demás.
En el estadio anal estamos fascinados con nuestras “funciones corporales”. Al principio, podemos hacerlo de
cualquier forma y en cualquier lugar. Posteriormente, sin
razón aparente empezamos a comprender que podemos tener
control sobre ello, haciéndolo en ciertos lugares y a ciertas
horas. ¡Y los padres parecen valorar sobremanera el producto
final de estos esfuerzos!.
Algunos padres se someten a merced del niño en el
entrenamiento del control de esfínteres. Le piden de rodillas
que lo hagan en el váter, se alegran considerablemente cuando
lo hacen bién y se rompe su corazón cuando no lo hacen
correctamente. El niño, mientras, es el rey de la casa, y él
lo sabe. Este niño, con esos padres, desarrollará una
personalidad anal-expulsiva (también anal-agresiva).
Estas personas tienden a ser sensibleros, desorganizados y
generosos ante una falta. Pueden ser crueles, destructivos y
muy dados al vandalismo y los grafiti. El personaje de Oscar
Madison en la película “Un par de gruñones” (The Odd Couple)
es un buen ejemplo.
Otros padres son estrictos. Pueden estar compitiendo con
los vecinos a ver cuál de los niños controla primero los
esfínteres (muchas personas creen que si un niño lo hace muy
pronto en su evolución, es un signo de gran inteligencia).
Pueden llegar a usar la humillación o el castigo. Este niño
puede perfectamente sufrir de estreñimiento, tratando de
controlarse constantemente y desarrollará de mayor una
personalidad anal-retentiva. Será especialmente pulcro,
perfeccionista y dictatorial. En otras palabras el
anal-retentivo está atado por todas partes. El personaje de
Félix Unger en la película mencionada es un ejemplo perfecto.
Existen también dos personalidades fálicas, aunque
a ninguna de ellas se le ha dado nombre. Si el niño, por
ejemplo, es rechazado en demasía por su madre y además
amenazado por su padre excesivamente varonil, tendrá
posiblemente una sensación muy pobre de autovalía en cuanto a
su sexualidad. En este caso, intentaría lidiar con esto o bién
declinando cualquier actividad heterosexual; convirtiéndose en
un ratón de biblioteca o llegando a ser el macho de todas las
mujeres. En el caso de una niña rechazada por su padre y
amenazada por una madre excesivamente femenina, también
producirá una autoestima muy baja en el área de la sexualidad.
Así, podría llegar a ser un jarrón de flores de adorno y una
belleza exageradamente femenina.
En otra situación, si un niño no es rechazado por su madre
y más bien es sobreprotegido en sus debilidades por ella mucho
más que su padre pasivo, podría desarrollar una opinión de sí
mismo bastante grande (lo cual le remitirá mucho sufrimiento
al enfrentarse al mundo real y darse cuanta de que los demás
no le quieren como su madre lo hizo) y parecer afeminado.
Después de todo, no existe ninguna razón por la que tenga que
identificarse con su padre. De la misma manera, si una niña es
la princesita de papá y su mejor colega y mamá ha sido
relegada a una posición casi de sirvienta, la chica será muy
superficial y egocéntrica, o por el contrario muy masculina.
Estos distintos caracteres fálicos demuestran un punto
importante de la caracterología freudiana: los extremos
conllevan a los extremos. Si usted se encuentra frustrado o es
demasiado indulgente, tiene problemas.. Y, aunque cada
problema tiende a desarrollar ciertas características, éstas
últimas pueden ser fácilmente reversibles. Así, por ejemplo,
una persona anal-retentiva puede volverse excesivamente
generosa o ser bastante desorganizada en algunos aspectos de
su vida. Esto puede llegar a ser suficientemente frustrante
paralos científicos, pero de hecho es la realidad de la
personalidad.
Terapia
La terapia de Freud (en el ámbito de la psicología, se
utiliza “psicoterapia” para hablar de terapias psicológicas.
N.T.) ha sido la más influyente de todas, a la vez que la
parte más influyente también de su teoría. A continuación
veremos algunos de sus puntos más importantes:
Atmósfera relajada. El cliente debe sentirse libre
de expresar lo que quiera. La situación terapéutica es, de
hecho, una situación social única, en la que uno no se debe
sentir miedoso ante un juicio social u ostracismo. De hecho,
en la terapia freudiana, el terapeuta prácticamente
desaparece. Añada a este situación un diván cómodo, luces
tenues, paredes insonorizadas, y el ámbito está servido.
Asociación libre. El cliente puede hablar de
cualquier cosa. La teoría dice que con una buena relajación,
los conflictos inconscientes inevitablemente surgirán al
exterior. Si nos detenemos un poco aquí, no hay que ir tan
lejos para observar una similitud entre esta terapia y el
soñar. Sin embargo, en la terapia, existe un terapeuta que
está entrenado para reconocer ciertos aspectos o pistas de
problemas y sus soluciones que el cliente pasa por alto.
Resistencia. Una de estas pistas es la resistencia.
Cuando el cliente intenta cambiar de tema, o su mente se
le
queda en blanco, se duerme, llega tarde o falta a una sesión,
el terapeuta dice “¡Ajá!”. Estas resistencias sugieren que el
cliente, a través de sus asociaciones libres, está cercano
a contenidos inconscientes que vive como amenazantes.
Análisis de los sueños. Mientras dormimos,
presentamos menos resistencia a nuestro inconsciente y nos
permitiremos algunas licencias, de manera simbólica, que
florecerán en nuestra consciencia. Estos deseos del Ello
proveen al cliente y al terapeuta de mayores pistas. Muchas
formas de terapia usan los sueños en sus prácticas, pero la
interpretación freudiana es distinta en tanto tendencia a
hallar significados sexuales en ellos.
Paráfrasis. Una paráfrasis es una desvío del
discurso verbal. (muchas veces este acto supone una invasión
directa de contenidos inconscientes o del Ello, llamado
también “lapsus linguae”. N.T.). Freud creía que estos fallos
o desvíos también sugerían pistas para llegar a conflictos
inconscientes. También se interesó por los chistes que sus
clientes contaban. De hecho, creía que cualquier cosa que
dijera el paciente siempre significaba algo; equivocarse de
número al llamar por teléfono, desviarse de ruta, decir mal
una palabra, suponían serios objetos de estudio para Freud. No
obstante, como él mismo mencionó, en respuesta a un estudiante
que le preguntó cuál era el significado simbólico de un
cigarro, el contestó que “a veces, un cigarro no es más que un
cigarro”. ¿O no?.
Otros seguidores de Freud desarrollaron un interés especial
sobre los test proyectivos, como el famoso test de manchas
Rorschach. La teoría base de este test es que cuando se
presenta un estímulo vago, el cliente lo completa con sus
propios temas inconscientes. Una vez más, esto puede proveer
de más pistas al terapeuta.
Transferencia, catarsis e introspección. (Usaremos
indistintamente “insight” e “introspección” para referirnos al
mismo fenómeno. N.T.)
La transferencia ocurre cuando un cliente proyecta
sentimientos sobre el terapeuta que de manera más bién tienen
que ver con otras personas importantes. Freud entendía que la
transferencia era necesaria en la terapia para traer a la luz
aquellas emociones reprimidas que habían estado causando
problemas al paciente por tanto tiempo. Por ejemplo, uno no
puede sentirse verdaderamente rabioso si no existe una persona
con la que estarlo. Contrariamente al pensamiento popular, la
relación entre el terapeuta y el cliente en la teoría
freudiana es muy cercana, aunque se establece de manera que no
pueda traspasar unos límites.
La catarsis es la explosión súbita y dramática que ocurre
cuando el trauma resurge. ¡Las letras pequeñas de un contrato
no están ahí de adorno!.
La introspección es el estado de alerta ante la fuente de
la emoción o de su fuente traumática. Se alcanza la mayor
parte de la terapia cuando el insight y la catarsis se han
experimentado. Aquello que debió ocurrir hace muchos años y
que por ser muy pequeños para lidiar con ello o porque la
presión era demasiado para nosotros, empieza ahora a surgir,
de manera de lograr una vida más feliz.