Existen diversos
tipos de tests de inteligencia, pero todos ellos miden la
inteligencia de manera muy similar. Algunos
tests incluyen palabras o números y requieren un conocimiento
cultural específico (como el vocabulario). Otros, en
cambio, no requieren este conocimiento, e incluyen formas y
diseños que sólo exigen conocer conocimientos
universales simples (mucho/poco, abierto/cerrado, arriba/abajo...).
Hasta la fecha,
en los estudios realizados, se ha podido observar que el
rendimiento de la población general en los tests
de inteligencia siguen una distribución normal; la mayor
parte de las personas se sitúan alrededor del punto
medio que está en un CI=100. Pocos individuos destacan
como muy brillantes o como muy poco brillantes.
En el cociente intelectual
de una persona parece influir de forma importante tanto la
genética como las variables
ambientales. Se estima que la heredabilidad de la inteligencia
se encuentra entre un 0'4 y un 0'8 en una escala del 0 al 1.
Si todos los entornos fuesen iguales para todo el mundo, la
heredabilidad sería de 1 (o sea, del 100%) dado que
todas las diferencias que se pudiesen observar tendrían
necesariamente un origen genético. Pero en la realidad,
el ambiente y las experiencias personales contribuyen sustancialmente
a las diferencias en el rendimiento de los tests de inteligencia.
Variables sociales como la ocupación, la escolarización
o el ambiente familiar, y variables biológicas como
la nutrición, el plomo ambiental, el alcohol o los factores
perinatales son factores importantes a tener en cuenta antes
de hacer un estudio con un resultado lo más imparcial
y objetivo posible.
Se han descrito
en varios estudios importantes, que existe una gran estabilidad
en las puntuaciones de los tests de inteligencia
pasados a una misma persona durante su desarrollo vital. Además,
estos tests han sido de gran utilidad en la predicción
del rendimiento escolar y ocupacional, así como en el
estatus social, los ingresos económicos o la delincuencia
del individuo. Pero hay muchas otras variables no medidas en
los tests de inteligencia que influyen en todos esos contextos
(como las variables motivacionales, temperamentales o actitudinales).
En definitiva, parece que los tests de inteligencia actuales
no exploran todas las formas posibles de inteligencia, tal
vez sería necesario ampliar este ámbito a otros
dominios propios de la acción social.
Finalmente, se ha
podido comprobar que las puntuaciones medias en los tests
de inteligencia han aumentado durante el siglo
XX, pero no se sabe exactamente cuáles son las causas.
Se ha llamado a este fenómeno el "Efecto Flynn" y
consiste en un aumento gradual del rendimiento medio en los
tests de inteligencia en el transcurso de los últimos
50 años.