Este término deriva de Fetiche (del portugués fetiço:
hechizo) que alude a un ídolo u objeto de culto, de ciertos pueblos primitivos. A este
objeto, al fetiche, se le atribuían propiedades mágicas derivadas de un dios o de
determinada persona. En el área sexual el fetiche es algo que se necesita de la
compañera (esta es una parafilia conocida en varones) para alcanzar el goce sexual y nos
habla de la vinculación erótica con un objeto inanimado o una parte del ser amado:
bombachas, medias, ligas, pieles, los pies, mechones de cabello, zapatos.
Las parafilias también llamadas por algunos desviaciones o
variaciones son definidas por el hecho de que la imaginación o los actos
inusuales o extravagantes son necesarios para conseguir la excitación sexual, siendo en
muchos casos el modo preferido o excluyente.
Algo de fetichistas tenemos todos cuando nos gustan las mujeres
rubias o las de piernas torneadas y con mirada lánguida, o las morochas bajitas con aire
de femme fatale; o las mujeres que usan botas de cuero o zapatos con taco aguja, o
con portaligas o con determinado corpiño, y a todas esas características les atribuimos
la posibilidad del placer. Esto tiene que ver con una cultura que parcializa el cuerpo
femenino, confundiendo la parte con el todo (pars pro toto): si tiene mejores
nalgas será más ardiente, si posee senos prominentes nos deparará, seguro, mayor
felicidad en el lecho (La belleza es una promesa de felicidad, afirmaba
Stendhal).
K. Marx, en
otro orden de cosas, sostenía que uno de los mayores fetiches era el dinero.
Los varones han sucumbido fácilmente a estos valores ilusorios
que, por otra parte, cambian según las modas y costumbres imperantes. Otra vez la mujer
es mostrada como una muñequita de lujo y no como una persona íntegra con igual dosis de
sensibilidad, talento e inteligencia. Pero, en un sentido estricto, el fetichista necesita
exclusivamente de una determinada condición u objeto para gozar del sexo, a veces
acompañado por una mujer y otras a solas con prácticas masturbatorias.
Bien dice A.
Confort que no es lo mismo excitarse con un zapato que con una mujer en zapatos.
Como decíamos antes el fetichista suele buscar un objeto de la
mujer o varón deseados (ropa, mechón de cabellos, una joya, una pantufla) y por ese
excluyente intermedio halla un placer solitario. Otras busca una pareja con una
característica determinada para satisfacerse, por ejemplo que sea excesivamente gorda o
con rasgos masculinos (o femeninos, según la preferencia sexual), incluso con defectos
físicos, o la hace vestir con determinadas prendas. De no ser así no logra satisfacerse
ni llegar al orgasmo, y esto es lo que le da un rasgo esencial al fetichismo: la necesidad
imprescindible de ese rasgo u objeto, llevado al punto de una obsesión, para la meta
sexual.
Freud
nos habla en estos casos de "una sustitución inapropiada del objeto sexual
donde
la meta normal está reemplazada por algo que guarda relación con ella. El sustituto
es, en general, una parte del cuerpo habitualmente poco apropiada a un fin sexual
(los
cabellos, el pie) o un objeto que mantiene una relación demostrable con la persona,
preferiblemente con la sexualidad de ésta (prenda de vestir)". "No
sin
acierto", nos sigue diciendo Freud, "se ha comparado este sustituto
con
el fetiche en que el salvaje ve encarnado a su dios". Lo que se podrán
preguntar
los lectores es por qué se elige cierto objeto y no otro, y el psicoanálisis
lo remite a
una impresión sexual de la primera infancia: "siempre se vuelve a los
primeros
amores", nos recuerda Freud. El objeto sería así un recuerdo encubridor
que nos
oculta el verdadero deseo del fetichista. Aquí el psicoanálisis nos refiere una
cierta
simbología, que se podrá o no compartir, cuando por ejemplo nos equipara el pie
como
símbolo sexual arcaico, fálico, cosa que se ve en los mitos y en las estatuas
que
representan a dioses unipedes (con un pie) relacionados con el culto de
la
fertilidad; a las pieles o cabellos que deberían su cualidad de fetiche por asociación
con la formación pilosa del monte de Venus; los zapatos y pantuflas como símbolos
de los
genitales femeninos.
Para el padre del psicoanálisis la preferencia fetichista por un
pie se deriva de la sexualidad infantil: el pie reemplazaría al pene que la mujer no
posee, y nos agrega que en muchos casos podía demostrarse que la necesidad imperiosa de
ver los genitales de la madre, mirados desde abajo, quedó detenida en su camino por un
mecanismo represivo y por eso retiene como fetiches al pie o a un zapato o la bombacha y
en este proceso los genitales femeninos se imaginaron, de acuerdo con las expectativas del
niño, como iguales a los que él posee. Aquí Freud hace intervenir la angustia de
castración del varón, temática bastante compleja dentro del psicoanálisis, pero que
resumiéndola de una manera simple nos dice que el objeto elegido como fetiche es un
sustituto del pene (falo) de la madre en el que el varoncito ha creído y no quiere
renunciar puesto que si la mujer, su madre, está castrada, su propia posesión del pene
corre peligro. De esta manera, recuperando una y otra vez el fetiche, niega su ansiedad de
castración.
Bastante
razón tenía Freud cuando sostiene que "probablemente a ninguna persona del sexo
masculino le es ahorrado el terror a la castración al ver los genitales femeninos".
Para muchos las teorías freudianas sobre la castración no tienen
sustento y las descartan, sin embargo creemos que es algo que tiene un peso importante en
la formación psicosexual del ser humano.
:: Fetichismo del pie
::
Recordemos
que para Freud la preferencia fetichista por un pie se deriva
de la
sexualidad infantil: el pie reemplaza al
pene que la mujer no posee, y nos agrega que en muchos casos
podía demostrarse que la necesidad imperiosa de ver
los genitales de la madre, mirados desde abajo, quedó detenida
en su camino por un mecanismo represivo y por eso retiene como
fetiches al pie o a un zapato o la bombacha y en este proceso
los genitales femeninos se imaginaron, de acuerdo con las expectativas
del niño, como iguales a los que él posee. Aquí Freud
hace intervenir la angustia de castración del varón,
temática bastante compleja dentro del psicoanálisis,
pero que resumiéndola de una manera simple nos dice
que el objeto elegido como fetiche es un sustituto del pene
(falo) de la madre en el que el varoncito ha creído
y no quiere renunciar puesto que si la mujer, su madre, está castrada,
su propia posesión del pene corre peligro. De esta manera,
recuperando una y otra vez el fetiche, niega su ansiedad de
castración.
TESTIMONIO 1
Soy
fetichista de pie, nadie lo sabe, y no se lo quisiera decir a nadie nunca.
Me siento
realmente mal,
humillado, triste, y defraudado. Nunca podría contárselo a mis padres ni a nadie.
Por otra parte tengo mucho miedo de que se enteren. Constantemente estoy disimulando
mi orientación sexual, pero no sé cuanto puede durar. Lo que más triste me pone es que
de esta manera nunca podré tener un hijo y formar una familia normal, porque además
deseo los pies de hombres jóvenes. No sé que hacer, me estoy desesperando.
. .
Luis, 28, Argentina
TESTIMONIO 2
Desde
muy chico me masturbé,
mis fantasías de entonces son los pies femeninos. Vivía la masturbación como
algo muy vergonzoso ya que una vez, de muy chico, la "niñera" me
pescó y me retó.
Hasta los 15, 16 me masturbaba sin mucha claridad en mis deseos. Los pies
siempre estaban presentes. Los de mis hermanas me excitaban mucho. Pero
no me animaba a seguir subiendo la vista.
Desde los 16 a los 25 mis fantasías tenían un contenido erótico mucho más
normal, con deseos de penetración, exploración del cuerpo de la mujer. Nunca
lo hablé con mis
padres ni hermanos ni amigos. Fue desde siempre una sexualidad introvertida
y reservada. Lo que me atraía de los pies femeninos eran su olor y su forma,
y el hecho de pisarme. Me excitaban esa forma de ser abordado y dominado,
pero las fantasías sadomasoquistas
sin embargo, no me excitaban casi nada.
Desde que empecé a salir con chicas, al principio me intimidaban y les tenía
algo de miedo. Ni pensaba ni fantaseaba poder tener sexo con ellas. Cuando
alguna me gustaba ni pensaba en el sexo.
Era un enamoramiento platónico y asexuado, pero en realidad estaba muy reprimido.
El sexo aparecía a la noche cuando me masturbaba. A los 26 tuve mi primer
novia que me excitaba mucho con sus pies. De sexo ella no quería saber
nada estando de novios porque era muy religiosa. Visité algunas prostitutas
con las que realicé mis fantasías de adoración de sus pies y con ellas
me pasaba algo curioso: empezaba muy excitado con ellas y conforme las iba
haciendo, todo se iba disipando como en una nube y los pies, al estar masturbándome
con ellos, no me excitaban más. Hasta el día de hoy con mi actual novia me
pasa lo mismo: los pies de las mujeres, cuando los veo de arriba, ejercen
sobre mí una atracción
irresistible, pero cuando tomo contacto real con ellos ya después no me
excitan como en la fantasía. Dr. le cuento todo esto porque he leído su
libro "El sexo y el varón de hoy"
que me produjo una revelación interna como pocos libros en mi vida y necesito
su ayuda pues amo a mi novia, soy virgen y
quiero tener una sexualidad normal, casarme y tener hijos.
Juan Carlos, 36, Córdoba, Argentina
TESTIMONIO 3
Andando
en Internet encontré su página y vi una consulta de que a un "chavo" le gustan los pies de hombres,
yo padezco de eso: me gusta ver los pies de hombres, que sean delgados y bien formados,
también me excitan las calcetas blancas, esto me provocó confusiones sexuales.
Desde niño sentí atracción por los chicos, he tenido relaciones homosexuales pero no
quedo satisfecho y a veces pienso que no soy homosexual, pero la atracción por los
chicos es inevitable, me gusta estar con ellos pero quisiera que la penetración
nunca llegara; por eso le escribo, para saber si realmente soy o no homosexual,
mi futuro
siempre me lo imagino casado y con hijos. Espero que me ayude.
Carlos, 25, México
TESTIMONIO 4
Soy
homosexual desde siempre, pero hace años sólo me excito cuando hago vestir a jóvenes con ropas de cuero y,
especialmente, con botas. Y me calienta tocar las botas de cuero y besarlas, luego
sacarlas y masturbarme mirando los pies. Soy lo que se dice un "adorador del pie",
aunque también tengo fantasías de dominación donde yo soy el dominado. Si no hacen
eso no puedo lograr una buena erección. Es lo único que me molesta y por
eso lo consulto.
Miguel, 41, Argentina
Comentarios a los testimonios
Es
comprensible la desesperación
de Luis pero por lo menos dio un paso al contarlo a través del consultorio de sexovida.com o
sea que tal vez no pueda seguir diciendo que "nunca podría contárselo
a nadie" pues
ya lo ha hecho; en este momento tengo en tratamiento dos pacientes fetichistas
y
adoradores del pie (uno es "gay", el otro heterosexual) y logramos
que bajaran su nivel de culpa y angustia. En el caso de Juan Carlos se evidencia
claramente los contenidos que
Freud relaciona con el incesto. El fetichismo puede darse en homo o heterosexuales.
He tratado otros casos de fetichismo algunos
de ellos pudieron formar una familia y tener hijos que, cuando se los desea,
es una de las
maravillas de la vida. Sin ir más lejos, uno de los pacientes que está actualmente
bajo tratamiento concurre a las sesiones con su novia con la cual piensa casarse;
lo que no
quita que algunos deseen vivir sus prácticas fetichistas en relaciones
homoeróticas.
Por otro lado vemos cada vez más "gays" y lesbianas que desean tener
hijos.
También estamos observando cada vez más conductas o rasgos fetichistas en mujeres.
Cuando
el fetichismo se acompaña con gran carga de angustia, depresión y
culpa creemos que es momento de recurrir a un sexólogo o
a un psicoterapeuta.
:: Autoría ::
Artículo
original del Dr. Adrián Sapetti
Extraído de www.sexovida.com
Revisión: V/03
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Síntesis
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