- Inicio
antes de los treinta meses.
- Clara
falta de respuesta ante los demás.
- Déficits
graves en el desarrollo del lenguaje.
- Si hay
lenguaje, sigue un patrón peculiar, como ecolalia inmediata
o demorada, lenguaje metafórico o inversión de pronombres.
- Respuestas
absurdas a diferentes aspectos del ambiente, resistencia al
cambio, interés peculiar o vínculos con objetos animados o
inanimados.
- Ausencia
de ideas delirantes, alucinaciones, pérdida de la capacidad
asociativa e incoherencia como en la esquizofrenia.
Respecto
del funcionamiento cognitivo, el cociente intelectual en los
niños autistas funciona de un modo muy semejante a como lo hace
en cualquier otro grupo de individuos. Los niños autistas con
cociente intelectual bajo están igual de retrasados que cualquier
otro con cociente intelectual bajo. Aunque se ha demostrado
que el autismo y el retraso mental coexisten con frecuencia. Se
ha descrito que en el 40% de los casos el CI se encuentra por
debajo de 50 y sólo un 30% tiene un CI de 70 o más. Existe una
gran variabilidad intelectual que se ve dificultada de evaluar,
especialmente la verbal. Estos niños suelen obtener mayores
rendimientos en las tareas que requieren habilidades manipuladoras,
espacio-visuales o de memoria. Las habilidades generales de
estos niños pueden ser mayores o menores dependiendo de su cociente
intelectual y de su capacidad de comunicación verbal.
Los síntomas
más comunes que pueden observarse son:
- Incapacidad
para establecer relaciones con las personas.
- Retraso
y alteraciones en la adquisición y el uso del habla y el lenguaje.
- Tendencia
al empleo de un lenguaje no comunicativo y con alteraciones
peculiares, como la ecolalia y la propensión a invertir los
pronombres personales.
- Insistencia
obsesiva en mantener el ambiente sin cambios, a repetir una
gama limitada de actividades ritualizadas, actividades de
juego repetitivas y estereotipadas, escasamente flexibles
y poco imaginativas.
- Marcada
falta de reconocimiento de la existencia o de los sentimientos
de los demás.
- Ausencia
de búsqueda de consuelo en momentos de aflicción.
- Ausencia
de capacidad de imitación.
- Ausencia
de juego social.
- Ausencia
de vías de comunicación adecuadas.
- Ausencia
de actividad imaginativa, como jugar a ser adulto.
- Movimientos
corporales estereotipados (especialmente en las manos y los
dedos).
- Preocupación
persistente hacia objetos.
- Intensa
aflicción por cambios en aspectos insignificantes del entorno.
- Limitación
marcada de intereses, con concentración en un interés particular.
- Aparición
en ocasiones de "habilidades especiales", especialmente de
buena memoria mecánica.
Además,
las conductas auto-lesivas y el retraso en el control de esfínteres
pueden también presentarse en los niños autistas, pero estos
síntomas no aparecen en todos los casos.
La edad
de comienzo de la alteración suele ser anterior a los treinta
meses, aunque existen casos en los que se desarrolla el síndrome
tras varios meses de evolución normal del desarrollo infantil.
Su clínica
general varía según la edad, por ejemplo en un lactante es frecuente
observar la emisión un balbuceo monótono y tardío. No muestra
interés por su entorno, ni siquiera por las personas que están
en permanente en contacto con él, como sus padres o familiares
más allegados, no importándole tampoco ni la comida ni el contacto.
Permanece rígido, sin lenguaje gestual ni imitación del adulto
y puede entretenerse mucho con un solo objeto sin llegar a entender
para qué sirve. No atribuye un significado al mundo real que
lo rodea.
En la etapa
preescolar, el niño autista se muestra extraño, no habla. Le
cuesta asumir la entidad "yo" e identificar a los otros. No
muestra contacto (físico, oral, visual). Si a los cinco años
hablan utilizan un lenguaje diferente de los otros niños. Pueden
presentar conductas agresivas. Sus respuestas sensoriales son
anormales (podría no reaccionar frente a una gran explosión).
En cuanto
a la etapa escolar, en la mayoría de ocasiones no consiguen
ingresar en la escuela. Si se les aísla pueden llegar a autoagredirse.
Durante
la adolescencia aproximadamente un tercio de los autistas suelen
sufrir ataques epilépticos. En esta edad suelen aparecer actuaciones
de carácter sexual como por ejemplo, exhibiciones, abrazar a
las chicas por la calle. Persiste el déficit de comunicación
y el mantenimiento de la fijación de ideas.
Desde un
punto de vista clínico, una de las características principales
del síndrome autista es su extrema heterogeneidad, la existencia
en la población afectada de grandes diferencias individuales.
Esta importante variabilidad es visible en relación a los síntomas
fundamentales, a los síntomas asociados y al cociente intelectual.
Es evidente que no todos los autistas manifiestan el mismo grado
de alteración de las relaciones interpersonales o de la comunicación,
y que no todos presentan el mismo deseo de invariabilidad, ni
el mismo nivel de restricción de sus intereses y actividades.
Evoluciona
de forma crónica y el resultado final es altamente incapacitante,
de forma que es raro que un niño autista acabe realizando una
vida normal e independiente. La esperanza es que uno de cada
seis llegue a una adaptación social adecuada y pueda realizar
un trabajo reguar en su vida adulta.
Todavía
no existe una explicación clara del origen del autismo. Algunos
especialistas afirman que se trata de una forma muy precoz de
esquizofrenia infantil, aunque la mayoría consideran que estos
son dos trastornos diferentes. Sí se han encontrado factores
predisponentes como el trastorno metabólico del recién nacido
(fenilcetonuria), la encefalitis, la meningitis y la esclerosis
tuberosa.