“Murmullo
que en el alma
se eleva y va creciendo,
como volcán que sordo
anuncia que va a arder ”
G. A. Bécquer.
:: Visinó General ::
Para la Real Academia
Española, el significado de anorgasmia
se encontraría al unir "An-" con "Orgasmo". "An-" proviene
del griego "an-" y es la forma que toma "a" (prefijo
que denota privación o negación) privativo ante
vocal. Mientras que orgasmo (del griego orgasmos) es la "culminación
del placer sexual" o la "exaltación de la
vitalidad de un órgano" .
Del mismo modo,
la RAE tampoco define "Disfunción
Orgásmica", pero obviamente se entiende que es
la combinación de la palabra "disfunción" con
la palabra "orgasmo", definida en el párrafo
anterior. Para la RAE, "disfunción" es una "alteración
cuantitativa o cualitativa de una función orgánica" .
Etimológicamente, la "disfunción orgásmica",
está compuesta de la combinación de las palabras "disfunción" y "orgasmo".
La primera de ellas, a su vez está compuesta de la unión
de la palabra griega "dis", "que indica actos
defectuosos"; con la palabra latina functio que significa "cumplimiento,
ejecución (de algo), pago (de un tributo), derivado
de fungi "cumplir (con un deber, una función)".
En tanto que "orgasmo" es un derivado culto del griego
organ "desear ardientemente", derivado de orgh "agitación,
irritación".
Antes de la década de los años setenta, se utilizaba
de manera generalizada el término frigidez para referirse
a diversos trastornos sexuales de la mujer. El término
incluía desde la falta de orgasmos hasta el desinterés
por el sexo y la inhibición de la excitación
sexual. A partir de los libros de William Masters y Virginia
Johnson (Insuficiencia Sexual Humana, 1970) y de Helen Kaplan
(La Nueva Terapia Sexual, 1974), para referirse y aludir a
las mujeres con dificultades para alcanzar el orgasmo, se comenzó a
utilizar el término "disfunción orgásmica" o "anorgasmia" (Actualmente,
existen algunos autores que dicen que sería más
propio hablar de "inhibición orgásmica femenina").
Todos los autores
revisados concuerdan al definir anorgasmia como un bloqueo,
imposibilidad o incapacidad para alcanzar
un orgasmo tras una respuesta excitatoria normal. De esa manera,
para Masters y Johnson, la anorgasmia es la "incapacidad
de una mujer para alcanzar el orgasmo".
Helen Kaplan define
el término disfunción orgásmica
como "una inhibición específica del componente
orgásmico de la respuesta sexual". Para dicha autora, "las
mujeres que sufren solo de un bloqueo del componente orgásmico
de la respuesta sexual poseen a menudo un intenso impulso sexual...
Puede que no muestren ninguna inhibición importante
de los sentimientos eróticos ni del componente vasocongestivo
de la respuesta sexual; ni son tampoco sexualmente anestésicas.
Sin embargo, las mujeres anorgásmicas 'se atascan' en
la fase de meseta de la respuesta sexual, o cerca de ella".
A la anorgasmia
o disfunción orgásmica, la American
Psychiatric Association la denomina en el DSM-III "Orgasmo
femenino inhibido", en tanto que el DSM-IV la llama "Trastorno
orgásmico femenino", cuya característica
esencial radica en "una ausencia o un retraso persistente
o recurrente del orgasmo después de una fase de excitación
sexual normal" , constituyendo el criterio A para su diagnóstico.
Con esta definición concuerdan muchos autores.
:: Magnitud
::
La anorgasmia, en
sus diferentes tipos, es el trastorno sexual femenino más ampliamente difundido, constituyendo en
estudios de Masters, Johnson y Kolodny hasta el 90% de la muestra
de pacientes estudiadas. Estas mujeres logran un cierto nivel
de excitación sexual, pero, a pesar de recibir un fuerte
estímulo clitoridiano, tienen problemas para llegar
al orgasmo.
Los resultados de
las investigaciones con respecto a la prevalencia de esta
disfunción han variado de acuerdo a la definición
base que se ha utilizado. Entre un 6 y un 11% de las mujeres
nunca han tenido un orgasmo, entre un 7 y un 22% no alcanzan
el orgasmo por medio del coito, pero sí por otros medios,
y entre un 10 y un 22% tienen orgasmos coitales pero de manera
irregular.
A todo lo anterior,
hay que agregar que es un porcentaje bastante mínimo de mujeres el que experimenta orgasmos durante
las primeras relaciones sexuales, y que "sobre el 50%
lo logran hacia el fin del primer mes de relación y
el 80% hacia el final del primer año".
Como no existen
datos en nuestro país referentes a
la anorgasmia, podemos estimar conforme a las cifras dadas
por la mayoría de los autores, que en Chile, con una
población aproximada a los 14.000.000 de habitantes,
existirían algo más de 7.000.000 de mujeres,
de las cuales hipotéticamente un 50% (3.500.000) llevará una
vida sexual activa (eliminando un 50% de niñas y ancianas),
por lo tanto, si realizamos una proyección, cabe de
esperar que cerca de 350.000 mujeres en Chile sufran de anorgasmia.
:: Tipos ::
Para la mayoría de los autores, existirían distintos
tipos o clases de anorgasmia. La distinción que más
comúnmente se utiliza es entre anorgasmia primaria y secundaria.
La diferencia radica en el momento en el cual surge el problema.
Si la mujer nunca ha experimentado un orgasmo en toda su vida,
se trata de anorgasmia primaria, en tanto que si en alguna época
fue orgásmica y después ha dejado de serlo, estamos
ante una anorgasmia secundaria. A diferencia de lo anterior,
para LoPiccolo la disfunción orgásmica secundaria
describe a una mujer que, por lo general, no puede experimentar
un orgasmo durante el coito, pero que sí puede ser capaz
de obtenerlo a través de la masturbación o mediante
la estimulación tanto manual como oral de sus genitales
provocada por su pareja. La American Psychiatric Association
(APA) en el DSM-IV utiliza los términos trastorno orgásmico
de toda la vida y adquirido para referirse a la anorgasmia primaria
y secundaria respectivamente.
Otra clasificación de la anorgasmia es de acuerdo al
contexto en el cual se presenta. La anorgasmia puede dividirse
por un lado en anorgasmia general o absoluta, que es la que se
presenta en todas las situaciones, contextos, estímulos,
procedimientos y compañeros; y por otro en anorgasmia
situacional, la cual consiste en mujeres que han tenido orgasmos,
pero sólo bajo determinadas situaciones o circunstancias
(ejemplo: mujeres orgásmicas al masturbarse y anorgásmicas
al ser estimuladas por su pareja). Constituyendo un subtipo dentro
de ésta, se encuentra la llamada anorgasmia coital, término
que se utiliza para denominar a mujeres que son orgásmicas
ante diferentes estímulos, pero nunca durante el coito.
El término anorgasmia fortuita se aplica a mujeres que
han tenido orgasmos con distintos métodos, actividades
o estimulaciones, pero de manera infrecuente.
Únicamente la APA recurre a la clasificación de
la anorgasmia de acuerdo a factores etiológicos (causales).
De esa manera, en el DSM-IV, se encuentra la distinción
entre anorgasmia debida a factores psicológicos y debida
a factores combinados (orgánicos y psicológicos).
Para Kusnetzoff, la
anorgasmia puede "ser total o parcial;
en este último caso, de mucho mejor pronóstico;
se la suele denominar pre-orgásmica, porque están
presentes la afectividad, la sensibilidad y la excitación
características, pero falta la culminación orgásmica
de placer. Se conoce con el inadecuado nombre de frigidez".
En opinión de LoPiccolo, y en adición a la distinción
entre orgasmo primario y secundario, existe otra distinción
entre mujeres anorgásmicas por inhibición y mujeres
anorgásmicas por ansiedad a la ejecución. Las mujeres
inhibidas se aproximan más al estereotipo de la "mujer
frígida". Tales mujeres tienen una historia de adoctrinamiento
sexual negativo por parte de los padres o de la religión,
consideran al sexo con repulsión, no alcanzan la excitación
y llegan renuentes a una terapia, tal vez para evitar ser abandonadas
por su pareja. Las mujeres con ansiedad ante la ejecución,
por otra parte, por lo general tienen una historia parental y
religiosa poco notable, disfrutan del sexo, alcanzan la excitación
y llegan a terapia ávidas de la experiencia del orgasmo
para su propia gratificación. Estas pacientes generalmente
han estado expuestas a los medios masivos que les demandan ser
multiorgásmicas y supersexuadas si se consideran "reales
mujeres".
:: Causas ::
“El origen de los problemas orgásmicos de las mujeres
no está tan bien comprendido como la mayoría de
otras disfunciones sexuales”.
Para Juan Carlos Kusnetzoff, las causas más frecuentes
de anorgasmia son: "1) un conflicto conyugal no del todo
resuelto cuyos sedimentos reaparecen solapadamente en el instante
de la entrega total; 2) una falla orgásmica accidental
debida a cansancio, preocupaciones, desconcentración u
otra causa inmediata, que instala una duda sobre la propia capacidad
sexual e inhibe el desempeño ulterior; 3) la ingestión
de medicamentos inhibitorios, en particular psicofármacos;
4) un estado, advertido o no, de depresión, estrés
o problemas orgánicos”. Las causas de la anorgasmia
se pueden dividir en factores biológicos u orgánicos
por un lado, y factores psicosociales, por otro (en donde se
incluirían factores del desarrollo, personales e interpersonales).
:: Factores orgánico-biológicos
::
Para Masters, Johnson
y Kolodny, la disfunción orgásmica
se encuentra relacionada con factores orgánicos “en
menos del 5% de los casos”, cifra que concuerda con los
datos obtenidos por el CUAS. De acuerdo a la mayoría de
los autores, esta porción de casos de anorgasmia se asociaría
con trastornos circulatorios de la región pélvica
y las condiciones que afectan los nervios de la misma (como la
esclerosis múltiple, los tumores o traumas de la médula
espinal, o la neuropatía diabética); sin embargo
estos problemas no son muy frecuentes. Los factores ginecológicos
que pueden conducir a disfunciones orgásmicas serían
las anomalías anatómicas de la vagina, del útero
o de las estructuras de soporte de la pelvis, así como
también la vaginitis recurrente grave. Los trastornos
endocrinos más comunes que causan dificultades orgásmicas
son la diabetes y la deficiencia de estrógenos (carencia
hormonal). Otras causas orgánicas incluyen las enfermedades
graves crónicas, el alcoholismo, la adicción a
narcóticos, además de muchas otras substancias
o drogas empleadas en el tratamiento de la hipertensión
y la depresión que pueden interferir en la respuesta sexual
normal femenina. También se incluyen las infecciones,
traumatismos o desgarros de origen quirúrgico. Sin embargo,
para la American Psychiatric Association, “enfermedades
crónicas como la diabetes o el cáncer pélvico
suelen alterar fundamentalmente la fase de excitación
sexual, pero mantienen intacta la capacidad para experimentar
orgasmo”.[1]
De acuerdo a algunos
investigadores, pareciera haber quedado establecido que en
la mayoría de las mujeres el fortalecimiento
de los músculos pubococcígeos aumenta la capacidad
y la intensidad de los orgasmos. Sin embargo, y a pesar de las
investigaciones de Kegel y sus partidarios, según Heiman
y LoPiccolo el asunto no es sencillo ya que “diversos estudios
han demostrado que no todas las mujeres que no alcanzan el orgasmo
tienen debilitados estos músculos”[2]. En conclusión,
las causas orgánicas o biológicas se reflejan en
una porción muy pequeña de casos e, incluso, se
ha llegado a dudar que dichos factores jueguen un papel gravitante
en la imposibilidad orgásmica, si bien su influencia es
más clara en trastornos de la excitación.
:: Factores psicosociales ::
“Los problemas emocionales, psicológicos, tienen
una doble vía, como si fueran dos caras de una misma moneda.
Por una parte, tienen estrecha relación con los vínculos,
con las relaciones interpersonales establecidas durante mucho
tiempo con nuestros familiares más cercanos y que se manifiestan
claramente en las relaciones cotidianas con los compañeros,
los maridos, los hijos”[3]. Una relación deficiente
con los padres, una familia que traspasa a sus hijos una actitud
negativa ante el sexo, falta de información, condiciones
negativas culturales, una experiencia sexual traumática
durante la infancia o adolescencia, una identidad sexual en conflicto,
factores interpersonales, falta de concentración y angustia
pueden predisponer al individuo para que, al alcanzar la madurez
sexual y ser sexualmente activo, presente uno o más tipos
de trastorno sexual.
El orgasmo puede ser
inhibido por haber adquirido un significado simbólico, o porque su intensidad aterra a la mujer. “La
ambivalencia de la paciente respecto a su compromiso de cara
a la relación conyugal, el temor a ser abandonada, el
temor a afirmar su independencia, el sentimiento de culpabilidad
sexual y la hostilidad hacia su compañero pueden también
jugar un papel en la formación de ese hipercontrol involuntario
del reflejo orgásmico que, en último término,
produce una disfunción orgásmica”[4].
Reibstein y Richards
afirman que a pesar de la importancia de las madres en el cuidado
de los niños, no se ha demostrado
que la calidad de la relación de una hija con su madre
afecte su desarrollo sexual. Por el contrario, el papel del padre
está demostrado que es fundamental en este aspecto: “las
mujeres que manifiestan haber tenido una magra relación
con sus padres, o cuya relación se vio interrumpida durante
la infancia porque el padre se ausentaba durante largos períodos
a causa del trabajo o de un divorcio, son las más proclives
a tener dificultades para alcanzar orgasmos”[5]. Sin embargo,
las hijas que tienen recuerdos felices del padre durante la infancia
se sienten más cómodas y menos ansiosas frente
a los hombres que aquellas cuyas relaciones tempranas fueron
tensas o se vieron interrumpidas. Por lo tanto, concluyen que
una buena relación con el padre, contribuye al desarrollo
de la sexualidad de la hija, y que en general una buena relación
durante la niñez puede ayudar a construir la autoestima
y la confianza que necesita para estar bien consigo misma y con
su cuerpo.
Estos mismos autores
afirman que la atmósfera general
del hogar durante la niñez también parece jugar
un papel importante: “las mujeres que informan que sus
padres tuvieron un buen matrimonio y que el sexo no era un tema
tabú en las conversaciones familiares, tienen más
posibilidades de establecer buenas relaciones sexuales”[6]
Por el contrario, también se han reportado casos en que
la atmósfera reinante ha afectado negativamente la capacidad
orgásmica. Una parte importante de mujeres anorgásmicas “ha
percibido sus objetos masculinos sexuales, en particular el padre,
como ausentes o inconstantes; también tenían más
recuerdos infantiles con ideas de separación y pérdida
que las mujeres que alcanzan el orgasmo con facilidad”[7].
Es indudable la importancia de la figura paterna en estos casos.
No sólo la ausencia o lejanía del padre debe considerarse.
El rol que éste ocupa en el hogar y la forma de relacionarse
con la hija juegan un papel relevante. Un padre dominante “puede
inhibir el orgasmo femenino inculcando remordimientos de fuerza
considerable”[8]. Estos padres influyen con su imagen de
protectores, prohiben la actividad sexual a sus hijas, les advierten
los males que de ella derivan, insisten a sus hijas que vistan
con recato y procuran ahuyentar a todos los jóvenes que
muestran el menor indicio de interés erótico en
ellas. “Al condenar la ‘obscenidad’, demuestran
un interés excesivo por lo mismo que están tratando
de superar. Prestar tanta atención al cuerpo de su hija
equivale a estar obsesionado por la conciencia del mismo”.[9]
Cuando estas mujeres logran tener una relación de pareja,
no pueden desechar la vigilancia y censura del padre, lo cual
les dificulta alcanzar el orgasmo.
En desacuerdo con
Reibstein y Richards, Offit sostiene que “la
presencia de la madre puede perpetuarse en la alcoba cuando hace
ya mucho tiempo que se ha alejado de la mente de la mayoría
de las hijas. Para encarnar el complejo de Edipo, o, como prefiero
llamarlo, el complejo de Venus, por inducción materna,
puede representar un papel con innumerables variaciones”[10].
La primera de dichas variaciones consiste en la madre que no
disfrutó ni obtuvo placer con su sexualidad y se entregó a ésta
en cumplimiento de un deber, como sacrificio, con un hombre débil
de carácter. La imagen de dicha madre perseguirá a
la hija como diciéndole “yo fracasé y tu
también debes fracasar”[11], “me utilizó y
me arrojó como un pañuelo desechable. No seas el
pañuelo de ningún hombre”[12], o, “guárdate
de los hombres, nadie lo hará por ti. Pide ayuda a Dios”[13].
Otra variación es la de aquellas madres que conocieron
a un hombre o a muchos, y que consideran que su experiencia es
insuperable para la hija, “su hija no debe tener más
que ella ni hacerlo mejor. Haga lo que haga, nunca llegará a
su grado de perfección. Así como Venus desterró a
su hija Psique a una montaña solitaria porque esta se
estaba haciendo muy bella e iba a conquistar el amor de Cupido,
la madre agresivamente sexual intimida a su hija de igual forma”[14].
La causa general de los casos de frigidez, con sus diversos grados
de intensidad, se encuentra en una educación de la niña
en la cual se instala un vínculo asociativo entre las
ideas de sexualidad y de peligro. Así, cuando es adulta
no puede disociar ambos conceptos y ve la sexualidad como peligrosa,
por lo cual le cuesta vivirla plenamente sin temores. No sorprende
que la mujer tenga poco desarrollados sus aspectos libidinales
e inhibida su capacidad de placer sexual, pues frecuentemente
se ejerce sobre ella no una educación normativa tendiente
a prepararla para su desarrollo sexual, su función de
madre e integrarla adecuadamente a la pareja matrimonial, sino
que, por lo contrario, desde muy niña sufre el peso de
los tabúes que tanto el hombre como ella misma tienen
acerca de la función sexual. Por lo común se la
mantiene, durante el mayor tiempo posible, en la ignorancia acerca
de sus funciones fisiológicas y, finalmente, cuando se
le permite adquirir un conocimiento acerca de la sexualidad,
se le hace vivir que, en su condición de mujer, esos aspectos
son vergonzosos, peligrosos, degradantes; que debe ocultarlos
lo más profundamente posible, pues ninguna mujer “decente” tiene
semejantes deseos, pues conducen a una conducta reprobada por
la sociedad. De este modo, se hipertrofian fantasías preexistentes
y se afianzan conductas ambivalentes que no pueden integrarse.
De acuerdo con Masters,
Johnson y Kolodny, en muchos casos de mujeres que nunca han
tenido orgasmos (anorgasmia primaria) parece
haber implicada una educación religiosa severamente negativa
respecto del sexo. De acuerdo a los datos obtenidos por los autores,
resalta el hecho de que un alto porcentaje (no especificado)
de las mujeres que sufren de anorgasmia o disfunción orgásmica
primaria fueron educadas con la idea de que la sexualidad y el
sexo son cosas esencial e inherentemente malas y pecaminosas,
sus genitales son a su vez algo sucio, y la masturbación
es maligna, perversa y acarrea peligrosas consecuencias. Para
los autores, este tipo de educación negativa respecto
del sexo no se encuentra únicamente circunscrita o limitada
a familias religiosas. No establecen una relación causal
inevitable entre este tipo de educación con disfunciones
sexuales, conflictos, o culpabilidad sexual en la vida adulta.
No hay forma, dicen los autores, de establecer el porcentaje
(que suponen alto) de mujeres que habiendo sido educadas en familias
con esta visión negativa del sexo, han llevado una vida
sexual plena y satisfactoria en la vida adulta. “Aunque
la educación negativa respecto al sexo no predestina a
los problemas sexuales de la edad adulta, tampoco facilita las
cosas”[15].
Los casos de experiencias
sexuales traumáticas, tanto
físicas como psicológicas, se encuentran con frecuencia
en los antecedentes de las personas que padecen algún
tipo de trastorno en esta área. Este tipo de experiencia
traumática puede provocar miedo al enfrentarse a una interrelación
sexual, en otros casos puede que la mujer reaccione evitando
cualquier tipo de contacto íntimo o desencadenar un sentimiento
de culpa posterior a un acercamiento sexual.
Según Reibstein y Richards, es importante para alcanzar
una plena satisfacción sexual en la mujer la cantidad
de experiencias sexuales positivas que han tenido con o sin compañero. “Las
mujeres que tuvieron una o más relaciones sexuales satisfactorias
antes del matrimonio, y en particular aquellas que comenzaron
a masturbarse antes o en las primeras etapas del matrimonio,
pueden experimentar orgasmos regulares con su esposo”[16].
Esto sugiere que las mujeres necesitan experiencias positivas
para aprender a tener orgasmos regulares. Necesitan oportunidades
para aprender a ser sexuales.
Según Kusnetzoff, al igual que en otros aspectos de la
sexualidad femenina, la desinformación, las creencias
erróneas, los prejuicios religiosos, escolares y familiares,
han hecho estragos en la capacidad orgásmica de la mujer. “Hoy
sabemos que no hay ninguna razón para que una mujer que
enfrenta sin problemas las dos primeras etapas de la Respuesta
Sexual no pueda obtener uno o más orgasmos durante una
relación. El primer fantasma que la mujer debe ahuyentar
es el temor a ser tildada de ‘frígida’; ello
la lleva a poner toda su voluntad en alcanzar el orgasmo, con
lo cual se impide a sí misma el indispensable abandono
a las sensaciones gozosas, o bien a simular el clímax
para satisfacer a su compañero y evitar el supuesto ridículo.
Cualquiera de estas dos actitudes la dejarán frustrada
e insatisfecha, e iniciarán un círculo vicioso
muy difícil de romper”[17].
Afirma que muchas
mujeres se sienten presionadas y fingen tener orgasmo. “Algunas piensan -porque lo han oído alguna
vez, o han sido educadas así- que los varones abandonan
a las compañeras que no alcanzan el orgasmo, o por lo
menos las agreden o humillan”[18]. Para este autor, son
dos los factores que siguen liderando la lista de las causas
de este problema: la ignorancia y la culpa o vergüenza.
De más está decir que ambos factores tienen en
común el origen: la educación recibida, la cultura
donde esta educación se dio, el medio y el conjunto de
creencias que pululaban en él. Existen miedos de carácter
personal que pueden bloquear la respuesta sexual. Entre éstos
se encuentran: miedo al embarazo, a contraer una enfermedad venérea,
miedo a que la excitación sea tal que se pierda el control,
miedo a que la relación sexual resulte dolorosa, miedo
a la intimidad o incluso miedo al éxito.
Son muchas las parejas
que presentan alguna molestia o irregularidad de tipo sexual.
Gran porcentaje de adultos solteros encuentra
dificultades en el momento de encontrar una pareja “compatible” en
el ámbito sexual. Se quejan de que sus experiencias sexuales
les producen más agobio que placer y que en ocasiones
su respuesta sexual sufre inhibiciones y frustraciones, lo cual
aumenta la ansiedad y disminuye el goce.
Dentro de las anomalías sexuales más comunes que
limitan el placer sexual se encuentran: “las inhibiciones
y el sentimiento de culpa, la ansiedad ante el desempeño
sexual, la inapetencia erótica y la aceptación
no razonada de los tópicos o la información errónea
sobre la sexualidad humana”[19]. Factores como la falta
de información acerca de ciertos tópicos sexuales,
o la aceptación irracional de mitos culturales, pueden
desempeñar un papel de gran importancia en lo que se refiere
a las disfunciones sexuales. En el caso de la anorgasmia, el
simple hecho de no conocer la ubicación del clítoris,
o los diferentes tiempos de excitación, entre otros, pueden
estar al trasfondo de la disfunción.
Hoy en día existe mayor franqueza al abordar los temas
relacionados con la sexualidad, sin embargo, siguen existiendo
inhibiciones. Éstas y los sentimientos de culpa continúan
dándose en un alto grado, afectando la vida sexual de
los que las presentan. Las inhibiciones surgen desde distintos ámbitos.
Pueden surgir de religiones o creencias que establezcan una visión
de la sexualidad como algo pecaminoso y sólo destinado
para la procreación, por lo cual el realizar el acto sexual
con fines de placer es algo que genera mucha culpa y que es visto
como un acto penado. También pueden surgir inhibiciones
en las personas que presentan inseguridad con respecto a sus
atractivos físicos, lo cual se ve acrecentado en la cultura
actual que bombardea por los medios de comunicación un
ideal de prototipo estético casi perfecto. Por otro lado
hay una verdadera obsesión en nuestra sociedad por los
atractivos físicos de los sujetos. De este modo los hombres
y mujeres que no cumplen con este patrón perfeccionista
de atributos físicos, tienden a juzgarse con gran severidad
en lo relacionado a su atractivo erótico, sienten que
son poco deseables por el sexo opuesto y a veces esta inseguridad
es perceptible en su comportamiento sexual mostrándose
con inhibiciones y vergüenza frente a su cuerpo. Así,
del mismo modo que el hombre se subestima al creer que tiene
un pene muy pequeño, lo que le acarrea inseguridad y a
proceder sexualmente con dubitaciones, así también
la mujer que considera que su cuerpo no es atractivo y que es
poco deseable, tiende a retraerse ante las situaciones eróticas,
lo cual disminuye su goce.
Masters, Johnson y
Kolodny afirman que “los problemas
de imagen son otra causa común de la disfunción
orgásmica primaria, aunque éstos parecen ser menos
problemáticos en las mujeres que tienen orgasmos en otras
actividades sexuales con un compañero (anorgasmia secundaria).
Por otra parte, es frecuente encontrarse con que las mujeres
que tienen orgasmos durante la masturbación solitaria
pero no con un compañero, se sienten perturbadas por cuestiones
de atractivo personal y propia valía sexual, y al mismo
tiempo tienen conflictos respecto de la relación en sí”[20].
Es necesario aclarar
que no todas las inhibiciones o sentimientos de culpa impiden
un adecuado desempeño sexual, sin embargo
lo común es que reduzcan de forma notable las posibilidades
de disfrute erótico. A su vez, la inhibición puede
presentarse en sujetos que padecen una ansiedad prematura sobre
la calidad de prestación sexual que van a efectuar. Esta
ansia patológica de rendir como es debido termina por
desviar la atención del individuo y bloquear el fluir
espontáneo de las sensaciones y emociones al momento de
realizar algún tipo de acto sexual. Esta ansiedad no se
traduce sólo en dificultades en el ámbito orgánico
sino que se extiende a la totalidad de la respuesta del individuo,
es decir no hay una pasión, ternura, intimidad ni sensibilidad
al momento de compartir con su pareja. Esto se debe a que el
individuo al darse cuenta que está ansioso, se obsesiona
de tal manera con su ansiedad, trata de controlarla y al no poder
hacerlo se pone aún más ansioso hasta participar
en menor grado de la interacción sexual y por ende disfrutar
muy poco. Cuando la persona ansiosa se esfuerza por mostrarse
espontánea y receptiva, termina concentrándose
en todos los pormenores del juego erótico provocando una
verdadera disección del acto de tal forma que resulta
prácticamente imposible disfrutarlo. Sin embargo, en ciertas
ocasiones la ansiedad no inhibe el incentivo sexual o incluso
lo estimula aún más (por ejemplo realizar el coito
en lugares prohibidos), pero cuando la ansiedad transforma su
participación en el acto sexual en un constante cuestionamiento
acerca de si su ejecución es o no la adecuada, sin lugar
a dudas se produce un bloqueo de la respuesta erótica.
En ocasiones el temor
a no desempeñarse en la interacción
sexual de la forma adecuada, lleva a evitar cualquier tipo de
contacto sexual o a disminuir abruptamente su frecuencia. Esto
hace que en ocasiones la pareja interprete en forma errónea
la situación y se sienta rechazada o piense que se le
es infiel. Indudablemente esto repercute en la relación
y ésta puede volverse muy problemática. La apatía
sexual también acarrea grandes inhibiciones. Ha sido muy
discutido si una larga convivencia acarrea necesariamente, en
un mayor o menor grado, una reducción del erotismo. En
el caso de las mujeres, no se quejan mayormente de hastío
de su vida sexual, lo cual es explicado por sus expectativas
más realistas con relación a ésta. En cambio,
su queja es mayor en relación con la falta de intimidad
y comunicación. A pesar de varios factores que contribuyen
a la falta de respuesta orgásmica femenina, “la
causa más inmediata de la ausencia de orgasmo es notablemente
uniforme en mujeres que tienen una fase de excitación
sexual normal: presiones de actuación y las ansiedades
que éstas producen”[21].
Offit en su libro “El yo sexual” hace un estudio
sobre la anorgasmia femenina y su relación con los rasgos
de personalidad. Comienza con las mujeres dependientes, afirmando
que cuando una mujer excesivamente dependiente no puede alcanzar
el orgasmo, las razones son claras: “no puede hacer nada
por ella misma… si se diera satisfacción, caería
en el abandono”[22]. En la adolescencia, la mayoría
de las mujeres suelen explorar sus propios genitales, descubriendo
sus singulares dones; mientras que las mujeres dependientes pasivas
no hacen ninguna tentativa, pues confían que todas las
recompensas les serán concedidas. “Cuando una mujer
inhibe el orgasmo porque teme cargar con demasiada responsabilidad,
ser demasiado dominante o entrar en excesiva competición
con su madre, masturbarse hasta el orgasmo parece ser un acto
definitivo y terrible de autocontrol e independencia. Sin la
plenitud del elogio, la aprobación o cuando menos la aceptación
tácita del hombre, la existencia parece vacía,
no hay vida sin un hombre que guíe sus pasos. Se supone
que los hombres cargan con todas las responsabilidades. El orgasmo
sin el hombre o no causado por el hombre, parece una obscenidad
solitaria, una depreciación. A su vez, el temor a desempeñar
un papel ‘masculino’ puede inhibir los orgasmos autoprovocados
y los experimentados con otros. Este temor empieza a manifestarse
bastante pronto en la vida de una mujer, y cobra alas en la adolescencia,
cuando la muchacha empieza a fracasar para que sus compañeros
la protejan y se sientan superiores a ella”[23]. Respecto
a las mujeres agresivo-pasivas, Offit señala que se dañan
a sí mismas y a los demás más por lo que
no hacen que por lo que realizan activamente. “Al masturbarse,
se excitan hasta un punto determinado, y luego se cortan”[24].
No pueden llegar al orgasmo, aunque estén muy cerca de él.
Esto se interpreta como un deseo de frustrar por inacción
lo que el mundo espera de ellas, lo cual se aplica en las relaciones
sexuales al permitir que el hombre las lleve hasta el grado más
alto de excitación y luego interrumpiéndose con
igual resolución, frustrando a su pareja.
Es común que las mujeres cuyos padres les planteaban
exigencias tiránicas, imponiendo su voluntad o cercenando
la de su hija, se vuelvan agresivo-pasivas. Esta mujer, para
defenderse contra la idea de que alguien, algún mecanismo
o incluso su propio cuerpo pueda adueñarse de ella misma, “impide
la descarga orgásmica mediante un espectacular acto de
voluntad, una afirmación del yo que está basada,
como todas las defensas, en la necesidad de orgullo y dignidad
humanos”[25]. Luchan por ser dueñas de sí mismas
a toda costa, aún prescindiendo de su propia satisfacción.
Las mujeres agresivas,
a su vez, compiten constantemente, aún
contra sí mismas. Su principal objetivo es lograr la superioridad
y el control: “Si estuvieran satisfechas, los hombres pensarían
que habían realizado un buen trabajo. Muchas no se permiten
ni un solo orgasmo”[26]. Pueden temer el orgasmo porque
al sentirse satisfechas verán mermado el control que ejercen
sobre sus compañeros. “No tendrán orgasmos
ni formularán elogios sexuales por las mismas razones
que un jefe autoritario se guarda de fomentar la confianza en
sí mismo de sus empleados”[27]. La explicación
de la autora, es que esto se genera en una dinámica familiar
donde los padres son aparentemente encantadores, y el papel de
la hija es el de vivir todas sus fantasías hostiles, haciendo
lo que ellos quisieron hacer y no pudieron, y ganándose
de esa manera su respeto y aprobación.
En el caso de la mujer
esquizoide, a quien la intimidad trae recuerdos sumamente dolorosos
de empobrecimiento emocional, “el
orgasmo supone a menudo la autoaniquilación” [28],
puesto que aparte de la pérdida de fuerza y control, puede
significar una pérdida total de identidad. Teme quedar
vacía, perder su sustancia, “el hombre le arrebatará el
placer, y la mujer privada del esqueleto del yo, del armazón
de la personalidad, va a desaparecer”[29]. Otra es la situación
de las mujeres con muy baja autoestima, las cuales interrumpen
el orgasmo por no sentirse identificadas con sus compañeros: “todas
las relaciones interpersonales, aun las más sexuales,
para funcionar bien requieren cierta capacidad de sentir como
la otra persona, comprenderla e identificarse con ella”[30].
Por lo tanto, la mujer que no logra identificarse no puede advertir
que gusta a un hombre, su autoestima es insuficiente. Para poder
creer que el hombre siente placer durante el acto sexual se requiere
tener una opinión elevada de sí misma, o al menos
estable, mientras que estas mujeres, presas de sus propias inferioridades,
inhiben la descarga orgásmica. Este es el caso de las
mujeres que tuvieron madres muy críticas y padres que
las rechazaban, puesto que no pueden superar el trauma de un
padre totalmente desinteresado. Estas mujeres se hallan reducidas
a una búsqueda perpetua del afecto que nunca han tenido,
quedan atrapadas en su infancia vacía. No pueden madurar
para brindar al prójimo el don de su propia sexualidad,
no pueden tener un orgasmo completo.
Las mujeres compulsivas
anorgásmicas suelen ser personas
muy apegadas. Pueden estar obsesionadas por el sexo, haciendo
mil tentativas y fracasando siempre, o pueden desviar su obsesión
hacia otro tema. La motivación más fuerte del compulsivo
es la de tener el control, no tanto de los demás como
de sí mismo. Para satisfacer la necesidad de control del
cuerpo, las mujeres compulsivas suelen ser adictas a la masturbación
solitaria para lograr el orgasmo, puesto que siendo una conducta
privada que escapa a toda vigilancia, proporciona una sensación
de dominio. Y, lo que es más importante, la mujer capaz
de satisfacerse a sí misma no necesita depender de otro,
puede escoger el momento y el lugar, se siente libre. Por otro
lado, algunas creen que deben abstenerse, si esto es posible,
de cualquier acción corporal no sujeta totalmente a la
voluntad, como es el caso del orgasmo que constituye un espasmo
involuntario. Controlar, con las riendas de la obsesión
firmemente sujetas, todos los posibles aspectos de la vida, ha
constituido el único camino para conseguir el autodominio
que respetaba su familia. No puede perder el control en ningún
momento y no puede exponerse a la posibilidad de que un hombre
la domine o a confiar en sus cuidados, cualquier cosa que haga
será fruto de su propia voluntad.
Las mujeres histriónicas, a su vez, “generalmente
carecen de confianza sexual aunque tengan cierta capacidad de
respuesta. Pueden comportarse como si no sintieran la menor duda
sobre sí mismas, sin embargo, llegado el momento del contacto íntimo
pueden sentir una frialdad repentina”[31]. La histriónica
realiza un doble juego: se viste provocativamente, se comporta
seductora y estimulante; pero, a la vez, evita los encuentros
sexuales abiertos. “El orgasmo, o incluso la mera excitación,
representa para muchas histriónicas una pérdida
potencial de armamento emocional. Adquirir unos lazos emocionales,
aunque sean temporales, con el riesgo consiguiente de pérdida,
constituye el principal peligro”[32].
La mujer parece ser
más sensible que el hombre en todo
lo concerniente al amor y a la sexualidad, por lo cual no es
raro que elabore numerosas fantasías inconscientes en
torno a las funciones sexuales. La vida sexual exige un aprendizaje
de la pareja como unidad. La falta o la torpeza de uno de los
cónyuges en la ejecución del acto sexual puede
enfermar a la pareja, y por lo tanto hacer que ésta, y
no sólo uno de los cónyuges, deba ser tratada.
En este caso, lo que se requiere es una gran comunicación
acerca de lo que le agrada y le desagrada a cada uno, una educación
mutua, una adaptación de ambos cónyuges para la
integración y obtención del logro sexual como pareja
más que individualmente.
La mayoría de las veces que una mujer consulta por problemas
de intensidad del deseo o porque se cree ‘frígida’,
el problema radica en el escaso tiempo dedicado a ella en los ‘juegos
amorosos previos’. Hay hombres que suelen atribuir su rapidez
a una supuesta eyaculación precoz, cuando en realidad
lo que la mujer desea es alargar los acercamientos preliminares. “Hay
efectivamente un problema de tiempos pero de tiempos preparatorios,
y no de duración de un pene erecto dentro de la vagina”[33].
Muchas veces la pareja no comunica sus necesidades, por lo cual
resulta casi imposible que se pongan de acuerdo con respecto
a los tiempos requeridos por cada miembro. Según Joseph
LoPiccolo, el rol del esposo (o pareja masculina) como un efectivo
y no-demandante compañero sexual para la mujer es, obviamente,
crucial en la disfunción orgásmica, especialmente
en la disfunción secundaria. En un sentido, puede ser
argumentado que si una mujer puede obtener orgasmo a través
de la masturbación, pero no alcanzarlo con su pareja, él
sería el disfuncional. Esto se relaciona con la vieja
máxima: “No existen las mujeres frígidas,
sólo los hombres torpes”. En muchos casos, esto
es verdad: la respuesta sexual femenina es enteramente normal,
pero su pareja es sexualmente inepto. El principio de la responsabilidad
mutua, sin embargo, apunta a que algunas mujeres han fallado
en el entrenamiento a su pareja para que sean un amante efectivo
para ellas. Esto sugiere una revisión de dicho adagio: “Existen
las mujeres frígidas y los hombres torpes, y generalmente
se casan entre ellos”.
Una pareja que no
posea una comunicación eficiente no
sólo en el tema relacionado con la sexualidad, sino en
todos los aspectos de la vida tanto personal, de los hijos, de
la relación misma, determinan que dentro de la pareja
se vayan fortaleciendo una serie de hostilidades que repercuten
en todos los ámbitos, incluyendo el sexual. Asimismo,
las luchas de poder dentro de la pareja o la desconfianza pueden
traspasarse al ámbito sexual, cayendo en una relación
más bien insana que podría conllevar a una disfunción.
También contribuyen a la creación de un clima no
propicio para el pleno disfrute de la sexualidad, los antagonismos
en los esquemas de valores o una gran diferencia en cuanto a
las preferencias sexuales. Es necesario dejar en claro que estos
factores pueden no relacionarse con disfunciones sexuales, sin
embargo no pueden dejar de mencionarse en el momento de hablar
de éstas.
:: Últimas palabras ::
A pesar de que recientemente
están surgiendo encuestas
acerca de la conducta sexual de los chilenos y de la satisfacción
de éstos y éstas, la magnitud real de las disfunciones
sexuales es algo que permanecerá en el velo del misterio
ante la imposibilidad de lograr, ya sea una inducción
perfecta o un censo sexual sin distorsiones.No obstante lo anterior,
así como el término impotencia era una carga adicional
al padecimiento subjetivo de los hombres con problemas erectivos;
asimismo el término frigidez estigmatizaba de frías
a mujeres con deseo sexual inhibido, así como con anorgasmia
o inhibición orgásmica femenina, tratándose
de dos sintomatologías completamente distintas (aunque
en ocasiones se confunden al darse simultáneas o al conducir
la una a la otra).
Siendo más grave la estigmatización en las mujeres
con problemas orgásmicos, ya que éstas sienten
deseo sexual y fallan en la fase de orgasmo de la respuesta sexual,
por lo tanto no se trata de mujeres "frías" ante
la sexualidad. El problema está, sin duda, al centrar
los esfuerzos en cuantificar y clasificar la presencia de la
disfunciones sexuales o en valorar mecánicamente la felicidad
de las personas de acuerdo al número de orgasmos por relación,
antes que valorar la sensación subjetiva. Es así,
como muchas mujeres se ven arrastradas por sus pares o amistades
a tener que fingir orgasmos de magnitudes cinematográficas.
Cargan por dentro el calvario de no gozar y de creerse secretamente
frías.
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:: Autoría ::
Artículo
original del Dr. Adrián Sapetti
Viña del Mar, Chile, 2001
Revisión: V/03
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